lunes, 31 de marzo de 2014

Tengo tus pasos perdidos.




Siento una extraña presión, y no quiero sentirla. Esta presión que a veces me invade por dentro sin ni siquiera avisar de que ha llegado. Y ahí apareces tú, sin llamarte, sin pedir permiso... Y de nuevo, vuelvo a sentir que mis pasos están más perdidos que antes de conocerte. Me pregunto cuánto tiempo tendré que seguir sintiendo todo lo que no quiero sentir cuando de repente una de tus fotos irrumpe sin más. Y esa mirada, ¡joder! esa mirada que desde antes de conocerte tanto sentí que me transmitía. 

Y lo peor, es que siento que estoy siendo cobarde porque no me dejas ser valiente. No te he pedido nada, tampoco quiero pedirte nada, he entendido que las palabras no son más que palabras, y los recuerdos no serán más que recuerdos. Pero yo no soy de piedra, y es inevitable recordar lo que para mí sí ha sido importante, y por eso hace unos días decidí que aquella foto, nuestra foto, no cabía en este momento en ese pequeño rincón de mi habitación que dedico a las personas importantes para mí. Espero algún día tener la valentía de volver a colgarla, ese es su sitio y ninguna lo va a ocupar, pero mientras tanto esperaré que el tiempo sepa darme las respuestas que tú mismo no me diste. 

Te mentiría si no te dijese que te echo de menos, esos gestos que sólo tú tienes, esa mirada que embauca aunque me proponga que no... pero te echaré de menos sin mirar atrás. Quiero pensar que de nuevo, todo vuelve a tener una explicación que con el tiempo comprenderé, porque como dice mi amigo Víctor, lo mejor está por llegar. 

Si en un mismo problema, y dando las mismas respuestas, nunca encontramos la solución, quizás sea porque las respuestas que creímos válidas para el problema, tienen que ser cambiadas. Con o sin pasos perdidos, llega el momento de cambiar las respuestas y solucionar los problemas. Y si hay momentos que sentimos que nunca llegan, quizás sea porque al idealizar las personas, creamos un clima equivocado de una situación poco acertada. Nunca podemos decir que "sea la última vez", pero tal y como sucede cuando un teléfono suena y nadie responde, quizás llega ese momento en que el teléfono vuelva a sonar y sea la última vez que alguien no responde; y quizás suceda eso, porque esa vez si exista alguien "al otro lado".

Canciones, recuerdos, miradas, ¡qué más da!, no acaban siendo más que pasos perdidos.

2 comentarios:

Javier Moralo dijo...

Precioso, genial, hay veces que es un placer ver lo que muchas letras juntas pueden llegar a formar...esta lo ha sido

Csr_Obenza dijo...

Muy bonito...