miércoles, 30 de enero de 2013

Hoy, por la Caidita.




Ayer de nuevo volvió la Caidita a las tablas del López de Ayala a demostrar que "la  vida es un Carnaval". 

Se lo he dicho a ellos a través de las redes sociales, pero debo repetirlo hoy aquí, el año pasado sentí su ausencia, y la sentí porque a todos nos costaba y nos cuesta asimilar que Pablo ya no pueda estar en las tablas del López junto a ellos. Ayer fue a él a quién extrañé, extrañé su voz y su presencia, la presencia del Gran Capitán de la Caidita. 

Cuando les vi por primera vez yo era una niña, una niña enamorada del Carnaval que aprendió a vivir con él desde que tenía 5 añitos y ensayaba con la comparsa hasta altas horas en el polígono industrial de Olivenza. Después formé mi propia murga, cumplí mi sueño con amigas. Y eso, entre otras muchas cosas, es lo que me identifica con la Caidita, que ellos también cumplieron su sueño

Aquel día, la primera vez que les vi, me enamoraron, y siguieron haciéndolo queriendo envolverse en su particular mundo de Nunca Jamás con Peter Pan, dieron vida a jugadores de un futbolín y a flores a las que a menudo no prestamos atención. En 2007 alcanzaron la cima del Carnaval de Badajoz siendo campeones del concurso en un barco bajo el mar, en 2008 se convirtieron en grandes estrellas de Hollywood -para mí ya eran estrellas en Badajoz-, en 2009 subieron a las tablas en el tipo de unas brujas peculiares, y en 2010 se iban de boda. Guardo un bonito recuerdo del 2011, fue su último año juntos, y tuve la oportunidad de pasar un rato el lunes de Carnaval con ellos. Recuerdo aquel momento como si fuera ayer, bajo la lluvia en las calles de Badajoz un famoso lunes de Carnaval. 

Y esa es mi historia con la Caidita, desde el primer momento llegaron a mi, a pesar de no estar de acuerdo a veces en lo político en algunas letras, siempre lo he estado en lo emocional, y en lo más importante, en este sentimiento mutuo por nuestro Carnaval, por nuestra tierra, por Extremadura y Badajoz. 

Gracias por volver a hacer felices a cientos de personas que os estábamos esperando. Gracias por hacer grande el Carnaval de Badajoz y mantener vuestra esencia propia.

Hasta siempre... "Tenemos que hundir Portugal" y nos vemos en Carnaval :) 

María Núñez. 

jueves, 24 de enero de 2013

Pensaba como hacerlo.

Debo pediros disculpas por llevar más de un mes sin escribir, sin trasladaros sentimientos, opiniones, sensaciones... Y de sensaciones es de lo que precisamente quería hablaros esta noche. 

Estoy en un período clave en relación a mi futuro. Acabando mi carrera, tan sólo ocho son las asignaturas que me quedan por superar en el expediente, esas que me convertirán en licenciada de Ciencias Políticas. Y he de deciros algo, aunque muchos y muchas lo penséis porque los medios os taladren las neuronas a diario, no formaré parte de lo que llaman "la generación perdida". Esta juventud que viene pisando fuerte, más fuerte que nunca, no está perdida ni lo va a estar. Aunque a muchos y muchas les gustaría que lo estuviésemos, os aseguro que nos sobran las fuerzas para trabajar tan duro como un día tuvieron que hacerlo nuestros padres y madres, nuestros abuelos y nuestras abuelas. Ellos pensaban que hacían lo que mejor sabían, y nosotros queremos hacer lo que mejor sabemos, queremos dedicarnos a aquéllo a través de lo que más beneficios podemos brindar a la sociedad. Os soy sincera, más de lo que nunca lo he sido, algún día me gustaría poder trabajar por mi pueblo, en primera línea, y os aseguro algo, no me moverían tan sólo unas ideas, me movería mi gente, mis vecinos, mis paisanos. Me movería todo aquéllo que a un buen gobernante le debería mover para trabajar por su tierra. Estoy segura de que a muchos estas palabras no les pillarán por sorpresa y otros pensarán que nunca iba a ser lo suficientemente valiente como para decirlo, pero he aprendido algo, y es que quien no da un paso al frente además de ser un cobarde, no demuestra que realmente quiere lo que otros piensan que quiere. Y yo ni soy cobarde, ni tengo que esconderme detrás de nadie para deciros lo que quiero. Llevo cinco años estudiando mi carrera, me gustaría plasmar mis conocimientos en la práctica diaria, en la vida cotidiana; me gustaría poder ayudar a muchas personas, sean de mi partido o no lo sean, tengan mis ideas o no las tengan, y ¿sabéis por qué? Porque lo que va a moverme para actuar así va a ser pensar en que independientemente de unas ideas compartimos algo mucho más importante, y es la vida y el respeto hacia las personas.

Hoy he tenido una sensación extraña pero muy entrañable, y era eso de lo que quería hablaros. Entre apuntes de antropología he recibido una alegría, y no me da miedo llamarla así. Pero ha sido una especie de alegría de esas que aparecen sin esperarlas, de las que llegan sin llamar. En los pueblos solemos dejar las puertas de casa abiertas, sin cerrar a la llave, porque somos confiados, creo que a mi me ocurre lo mismo y es eso lo que me marca. Yo también tenía la puerta abierta porque si algo he aprendido es a no juzgar a todas las personas por igual, he aprendido algo imprescindible y es que las oportunidades que la vida nos brinda deben aprovecharse. 

Entre comparsas y chirigotas, entre coplas, pasodobles, tanguillos y cuplés, entre popurrits y despedidas, y sobre todo entre tweets, pensaba algo, y es que no existen fronteras para el Carnaval, pero sobre todo, no existen fronteras para el conocimiento.

Buenas noches, desde mi rincón preferido, y seguiré pensando que una sensación vale más que mil palabras, porque no hicieron falta palabras.

María.