martes, 10 de abril de 2012

Dame una razón para creer.

Querido abuelo, 

En los últimos días he pensado mucho en ti, no es que a diario no lo haga, sino que se ha intensificado tu imagen en mi retina. Recuerdo cuando me llevabas de la mano camino del Ayuntamiento. Ramón estaba en su despacho, y mientras tu charlabas con él, me dabas papel y colores para entretenerme. Me sorprendían gratamente aquellos baldosines de colores que había en las escaleras, y cuando por fin llegábamos arriba, mostradores muy altos muy altos por los que asomaban cabezas y me decían: "Hola María, bonita, ¿has venido con tu abuelo?". ¿Sabes abuelo? Daría lo que fuera por volver atrás en el tiempo y detenerme en todos y cada uno de esos momentos.  Pude aprender de ti muchas cosas, pero lamentablemente la vida acabó por separarnos cuando aquel 17 de mayo de 1997 tuviste que irte para no volver.

Cuanto más lo pienso, mas hincapié hago en una pregunta que día tras día acaba en mi cabeza: ¿Por qué sigo aquí? Es decir, ¿por qué milito en el PSOE y no en otro partido? Mi padre, mis abuelos y la abuela continuamente me dicen que la política no da más que disgustos, pero yo me quedo con la opinión de mi madre. Ella sí cree en mi tanto como tú lo harías. Puede que no siempre  estemos de acuerdo pero yo pondría la mano en el fuego por ella y sé a ciencia cierta que ella la pondría por mi.

Hoy necesito una razón para creer abuelo. La necesito porque estoy decepcionada, desencantada y descontenta. Siento que cada acción se queda en el camino y cada palabra únicamente es "palabra". 

Una vez que he pensado lo suficiente sobre por qué milito aquí y no en otro lugar llego a la conclusión de que a ti te habría hecho feliz verme dentro de esta gran familia que tú un día sentiste como tuya. Me quedo con la opinión de la gente, de las personas que van de frente y son capaces de decirte a la cara tanto lo bueno como lo malo; me quedo con quien encaja las críticas; con quién entiende que llega el momento de valorar todas las posibilidades; a fin de cuentas abuelo, me quedo con lo que tú te habrías quedado, con la necesidad de seguir hacia adelante sin menospreciar a nadie. 

La vida nos pone a prueba cada vez que tenemos que tomar decisiones, pero cuando la decepción se hace eco de personas que han creído en unas siglas, y esas siglas no dan respuestas, llega la desesperación. Ante la desesperación no hay tiempo que perder, y la única salida posible es la de pensar que son los ciudadanos quiénes hablan, y quienes en última instancia te dicen directamente y sin tapujos si te quieren o si no lo hacen.

Me hubiera gustado tenerte aquí para que me explicases más de una razón, y tan sólo espero, poder ser la mitad de humilde, honesta y trabajadora que tú un día fuiste. Puedes sentirte orgulloso, la gente te quiere, se acuerdan de ti, y yo daría lo que fuera porque tú a día de hoy pudieras estar dónde yo estoy.

Mándame una señal o pensaré que nada ha merecido la pena.

No te olvido, 

María.

3 comentarios:

NoaRock dijo...

Es precioso María, no tengo palabras para hacer una valoración de esto. Acabo de tener a tu corazón en mis manos.

Gilberto Cervantes dijo...

Hoy pienso que la militancia en un partido no nos define como personas. Podemos tener nuestras ideas, pero como veo las cosas hoy solo existen dos vertientes, los que tienen y los que no tienen dinero. Da igual donde vivas. El dinero corrompe y compra casi todo, politicamente hablando. Lo vemos en el mundo entero.

Las ideas pueden unirte a un partido, pero los hombres y mujeres que le forman tienen que comer y criar a sus hijos, y cuando el dinero llega comprandolo todo ya vemos lo que sucede...

...Dadme la posibilidad de emitir el dinero de una nacion y no me importara quien haga las leyes...

Suena feo pero es la realidad actual.

Me gusta tu blog y sus letras! Te sigo sin dudarlo, si no te molesta.

Las puertas de mi blog estan abiertas para cuando quieras llegar.

Saludos

María Núñez dijo...

Gracias a los dos.

He de deciros que a veces siento la necesidad de cuestionarme por qué estoy aquí y no en otro lugar, y la conclusión a la que llego es que jamás podría estar en otro sitio que no fuera este por varias razones, la primera porque creo que no habría otro lugar en el que pudiese sentirme tan valorada, querida y apreciada y que revolviese en mi tantos sentimientos; y la segunda, porque tengo que honrar la memoria de mi abuelo y no encuentro mejor motivo que el de continuar lo que él un día empezó en el Partido Socialista.

Un abrazo, y Gilberto, te seguiré, no lo dudes.

María.