viernes, 19 de julio de 2013

Una canción de Carnaval.


Recuerdo aquél día como sí fuera ayer (trago saliva para poder contener las lágrimas). Aquel día en que mi padre tuvo la genial idea de capturar aquellas imágenes con su cámara de vídeo, imágenes que quedarán grabadas en mi retina para siempre. La plaza de toros de Olivenza estaba abarrotada de colores, de gente disfrazada, lentejuelas, alegría, tambores, brillo en las caras de aquellos niños y aquellas niñas -entre quienes me encontraba- cuando subían al escenario a lucir sus trajes de Carnaval y recibían a cambio una zanahoria de chuches que después compartirían con sus amigos y amigas.

Corría el año 1992 y yo ahí todavía no conocía el significado de la amistad, pero comenzaba a saber lo que suponía el Carnaval para mí. Aquel traje de pompones verde y rosa, aquella cabra a la que le regalaba mis gusanitos sin miedo a que me mordiese, y aquella mirada que creo que aún conservo. Han pasado los años y siento que han cambiado muchas cosas, entre ellas, cada día veo como mis abuelos se hacen más mayores, como echo de menos a cada momento a mi abuelo Ignacio, y cómo a mis padres aún les cuesta comprender a veces que ya no soy aquella niña con traje de pompones, ni aquella que llenaba su habitación de póster de Bustamante. Sin embargo, sigo siendo aquella misma niña que se emociona con cada letra de Carnaval, aquella que se aprendía la lección del cole todos los días antes de ir a ensayar con la comparsa, y aquella que un día decidió que quería tener una guitarra. Os podrá parecer una tontería, pero creo que ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida.



No podría explicaros en pocas palabras lo que supone para mí hablaros de Carnaval. Lo resumo con sensaciones de vivir, una manera de comprender el mundo diferente a la que tienen quienes no aprecian esta fiesta, la fiesta de la Libertad.

Mi tío Luis siempre ha sabido comprenderme, creo que para él, el Carnaval supone algo parecido. Y este año, cuando he podido pasar en Badajoz gran parte de los Carnavales he sido feliz, ese era el Carnaval que yo vivía cuando apenas tenía uso de razón. No ha habido un solo carnaval en el que no me haya disfrazado y para mí, todos los días del año es Carnaval, aunque algunos sólo os intereséis en febrero y no entendáis que a los amantes de la fiesta, nos encante todo el año. Toda excusa es buena para juntarse una tarde o noche con quien te comprende, y quien siente lo mismo que tú.
Mi próximo sueño: Subir a las tablas del López, algo que llevo tiempo esperando. Y un sueño por cumplir, pasar en Cádiz unos carnavales, rodeada de su historia, y de todos esos artistas a los que llevo escuchando desde que comencé a entender el significado del Carnaval.

2 comentarios:

Javier Marcos dijo...

Cómo me gusta que describas eso tan importante en tu vida. Es lo que importa, que se te saltan las lágrimas al recordarlo, eso, amiga no es otra cosa que agradecimiento a la vida, eso que estos animales de bellota que tenemos ahora en el desgbierno no entienden ni comprenden.
Un abrazo y viva el Carnaval!!!!

José Antonio Casablanca dijo...

Estoy convencido de que el año que viene será tu año murguero. Entre tanto, y como bien sabes, hay otros muchos placeres carnavaleros que disfrutar, y que cuando estás en una murga seguramente te pierdas. Este año tú has disfrutado de ellos, y yo contigo, y eso es siempre motivo de celebración. Espero que podamos seguir compartiendo muchos y largos momentos carnavaleros, en febrero o en cualquier otro mes del año, pero independientemente de eso, lo que sí está claro, es que el carnaval crea lazos para siempre.