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martes, 7 de abril de 2015

Viajeros al tren, última llamada.


La última llamada del tren le hizo reflexionar. Cogió su maleta y se adentró en aquel vagón del que sabía muy poco. Al cabo de unas horas comenzó a sentirse como en casa.
El traqueteo de las vías hizo que su única preocupación fuese descubrir cuántas gamas de color verde lucían sobre aquellos campos.
Al principio se sentía insegura, algo desanimada quizás. No lograba saber si se estaba equivocando, si remontaría, si aquella aventura podría resultar alentadora. Y es que, de nuevo, su inseguridad palpitaba cuando el túnel comenzaba a acercarse en el camino.

Hay veces en las que el final del túnel queda muy lejano; no alcanzamos a ver la luz verde, ni siquiera la blanca. Y cuando estamos a punto de rendirnos es cuando menos nos queda para alcanzar el éxito. Por las pequeñas cosas acabamos dándonos cuenta de que nada hubiera sido posible sin los baches, sin esas rachas en las que todo parecía imposible pero lográbamos que fuese todo lo contrario.
Quizás sea porque lo imposible sólo tarda un poco más, y quizás por eso mismo el éxito acabe siendo posible.

Cuando nadie cree en nosotros podemos llegar a frustrarnos; o por el contrario, podemos llegar a creer en nosotros mismos con más ganas que nunca. Porque cuando los demás dan por sentado que no alcanzaremos algo es cuando más fuertes vamos a sentirnos, al pensar que únicamente debemos confiar en lo que somos y en aquello en lo que nos podemos convertir.
Por eso dicen que no hay mayor fuerza para alcanzar una meta que la de creer en uno mismo. Y por eso mismo, nunca debes olvidar que si no te tienes a ti mismo jamás podrás tener a nadie.


El viaje en tren continuaba, habían alcanzado a superar laderas y la niebla de las altas montañas. Y aun así, ella no dejó de creer en sí misma ni un sólo instante. Ni siquiera por momentos se planteó aquello de rendirse, porque de haberlo hecho, se estaría traicionando a sí misma.



Y al otro lado, en cualquier tren y dirigiéndose a cualquier camino, se encontraba él. 
Con él lograba ver la luz al final del túnel, esa luz que sin saberlo comenzó siendo tenue y poco a poco fue alcanzando su color. No fue fácil, de hecho, sigue sin ser fácil, pero si de algo está convencida es de saber lo que quiere, y aunque le cueste, seguirá persiguiendo lo que parece imposible para hacerlo posible. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Tiempo.

Cansada de escuchar que todo es una cuestión de tiempo, se introdujo en aquel vagón que no sabía muy bien hacia donde la conduciría. La vida siempre es riesgo, y en aquel momento también decidió desafiar al destino mientras tentaba a la suerte. Durante el viaje se vislumbraban campos verdes sobre los que se reflejaba el sol, haciendo más intenso ese color que a veces parece de cuento. Las noches eran más frías, algo solitarias en ocasiones, y más oscuras, sin duda, más oscuras. 

No sabía muy bien qué decir, ni qué hacer, todo estaba algo oscuro, y era en esa oscuridad donde ella se sentía vulnerable ante el fracaso. Temer al fracaso es algo habitual cuando alguien nos transmite inseguridad. El miedo se apodera de nuestra capacidad de control, de los planes, de los días soleados, de la luz que hacía unos días podías ver y que ahora no encuentras... Todo eso es temer al fracaso. 

Dicen que los días oscuros son pocos en comparación a los momentos con luz, pero por momentos, llego a dudarlo. Esta extraña sensación de perder algo se vuelve a apoderar de la mente, llegando a convencernos de que todo está perdido. Este miedo parece de inevitable captura cuándo un día se tuerce, cuándo parece que todo sale mal, cuándo nos repetimos una y otra vez, por qué de nuevo a nosotros... Y nos preguntamos ¿qué estoy haciendo mal? Quizás no sea tu culpa amiga, y quizás no sea tu problema, pero realmente, si estás aprendiendo a querer a alguien, sus miedos acaban por ser también tuyos. 

Quiénes me conocéis sabéis que para mí, hablar de trenes es como hablar de oportunidades. 
Ella ese día se subió a ese tren, algo le decía que tenía que aprovechar ese instante, ese preciso instante, para darse una oportunidad a sí misma. Se la merecía, ¿y por qué no arriesgar? Cuando se arriesga, unas veces se gana y otras no. ¿Habrá ganado? De momento el viaje no ha concluido, aunque el miedo, esa extraña sensación que no se ve, pero que se siente, continua presente.

martes, 3 de diciembre de 2013

¡Qué no te entiendo!

Cuando sientes que poco te llena, personal y emocionalmente, que no hay nada que te enganche y que te haga dar lo mejor de ti, que no aparezca ese alguien que te haga replantearte un camino, un proyecto o un plan, piensas si tal vez ese alguien no exista. Es probable que sientas un vacío relativo que lleve implícito un vacío de sensaciones más allá de lo que se ve. Algo que no sabes definir, algo que te persigue aun cuando tratas de olvidarlo, pero aun así, la persecución continúa. En ese momento nos cuesta decidir porque no somos capaces de pensar y sentir al mismo tiempo. Tenemos recuerdos escondidos, deseos que tantas veces hemos pedido cuando casi llegaba el 1 de enero y comíamos las uvas de una en una, al ritmo de las campanadas, con el pie derecho hacia adelante, sin olvidar que cada uva era un deseo y con una prenda roja que no hacía falta enseñar... Quizás deseos tan parecidos, o no, a los que pedimos mientras cada año soplamos las velas sumando una más cuando pasan 365 días...

Y esa leve melodía que llevamos aquí dentro, y que dices: "¡Quítamela de la cabeza!". Esa, es la misma cantinela, la misma música, la que nos recuerda, la nos evade a otro mundo, la que nos depara a un deseo, la que nos hace imaginar lo que querríamos tener pero no tenemos. ¿Es quizás tan sólo un deseo o el leve espejismo de lo que construimos a diario mientras decidimos inconscientemente qué hacer con nuestra vida?



Sin duda, hay melodías que traspasan fronteras, que conforman un código simbólico que va más allá de lo establecido por una norma o la ley de un país determinado, algo que es transmitible aun sin conocer el idioma de quien tenemos enfrente... ¿Tienen los ríos un idioma concreto? No. Y en realidad traspasan cada día fronteras, recorren el mundo, conocen cada rincón del planeta... y comunican a todos los individuos lo mismo a través de un lenguaje universal. 

Para decir "Te quiero" no es imprescindible conocer todos los idiomas del mundo, basta con mirar a alguien a los ojos, y hacerle saber que eso que le diríais sin mirarle, y que no entendería, es el significado de una mirada que traspasa los límites que incluso un país impone a través de su código compartido: su lengua. Para decir "te quiero", basta con levantar la mirada, con poner una sonrisa o con dibujar cada día un camino compartido, entre vaivenes y horizontes. Basta, con demostrar que una imagen vale más que mil palabras y que las sonrisas no caen como agua de mayo... 

Cuando sientes que quieres a alguien, el mapa del mundo se desdibuja porque todo lo demás no importa, se funden "el aquí y el ahora, contigo pero no sin ti" y así... comienza la historia -que cada 31 de diciembre a las 12 menos un minuto, al son de las campanadas y entre uvas y champagne, acompañados de quiénes más nos quieren- deseamos alcanzar sin necesidad de hablar el mismo idioma. Cuando sientes que eso llega, el paso del tiempo ha dado paso a la oportunidad que sin saberlo, llamaba a la puerta, pero hasta el momento, no habíamos entendido su idioma, y por eso, ya no valen los "No te entiendo".

domingo, 1 de diciembre de 2013

Pasando página.

Me viene a la mente esa tarde, en la que por casualidad estuve en el lugar y momento adecuados para verle. Aunque, a decir verdad, nos habíamos conocido entre tambores y no lo recordaba... Fue cuestión de "unir los puntos del pasado" de los que hablaba Steve Jobs, y de los que ya os he hablado en alguna ocasión. El caso es, que aquella tarde de verano, o mejor dicho, de comienzos del verano, fue una de esas tardes en las que te sientes como en casa después de un largo viaje. Mi viaje había comenzado el día que me dieron las notas de selectividad, aquella mañana de junio de 2008, y le puse fin aquella tarde de junio de este mismo año cuando decidí que ya no haría más maletas porque comenzaba una nueva etapa en mi vida. Por eso volví a casa, y por eso, esa tarde de comienzos del verano, entre banderas multicolor y tambores en el centro de Badajoz, sentí que volvía a casa, por fin, a mi casa.
Los puntos y aparte marcan un antes y un después en la vida de quiénes los ponen. No quieren decir "hasta siempre", o en parte sí. Para decir un "hasta luego" ponemos punto y seguido, y para decir un "hasta nunca" ponemos punto final. 

A veces conocer a unas personas te lleva a conocer otras, y así continúa la "cadena de montaje" de nuestras vidas. De no haber estado ahí en ese lugar y ese día, en ese instante, no le habría conocido, y ahora, que ha pasado el tiempo y el ponemos punto y aparte a "esto", puedo decir que he aprendido algo y es que nunca elegimos como da lugar el transcurso de las cosas. No siempre ocurre lo que nos gustaría y no siempre lo que nos hubiera gustado hubiese sido lo mejor. Tampoco sé qué criterios tomar para definir qué es lo mejor, pero sí sé qué criterios elegir para determinar qué es lo que quiero.

Aun sin quererlo, estoy segura de haber marcado parte de su vida tanto como lo ha hecho él de la mía. No puedo contaros nada malo, simplemente que somos tan diferentes que hemos podido reír juntos, divertirnos y al mismo tiempo hasta tener alguna de esas pequeñas broncas por pensar diferente. Estoy segura además, de que esto es el comienzo de otra etapa que en parte necesitaba, porque sin quererlo, llevaba tiempo esperando este momento.


¿Nunca habéis tenido esa extraña sensación de saber que no podéis seguir con algo pero que os cuesta dejar atrás esa parte de vuestra vida? Aunque quizás esa parte de vuestra vida no haya sido más que un punto más del firmamento, pero que ha marcado y que por eso brilla, y que por esa misma razón siempre va a existir el recuerdo. Ha llegado el momento de pasar página de este libro, a veces las páginas se alargan, y en otras ocasiones duran en nuestras manos lo que queramos que duren... Dependen de lo que nos interese, o de lo que podamos sentir, o quizás de las ganas de equilibrio o estabilidad que tengamos... Menuda paradoja, cuando más te gusta un libro antes lo lees, y antes lo acabas. Pero cuando más te gusta una persona, más lento quieres que pase el tiempo con ella y más te deparas en cada página... Pero así es la vida, un cúmulo de circunstancias que no se esperan, de personas que te sorprenden... y una te lleva a otra, y nunca sabes con quien te puedes encontrar. El mundo es grande, pero a la vez pequeño, y como decía Marc Levy en uno de sus libros: Las casualidades no existen. 



Por eso, ni es casualidad que os cuente todo esto, ni es casualidad que os hable de tambores, ni del verano, ni que precisamente esto suceda antes de acabar el año... Los recuerdos son bonitos, siempre servirán para pintarme una sonrisa en la cara acordándome de cenas que alguien me debe o de largas conversaciones de madrugada. Estoy y estaré aquí, cerramos un página en este libro, pero comienzo un nuevo libro. Comienzo a escribir mi propia historia. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cuando él llama a tu puerta...

Cuando él llama a tu puerta y tú dices: "entra", no siempre sabes si acertarás o si realmente estás cometiendo el error más grave de tu vida. Aunque quizás se trate del error que más te hará aprender.

Llega un momento en la vida de las personas en el que nos planteamos si realmente aquello por lo que tanto nos habíamos esforzado acabaría mereciendo o no la pena. Y en realidad es que a veces, aunque nuestro entorno nos diga que algo no nos conviene, nos cegamos por nuestro impulso en la necesidad de seguir hacia adelante con un camino que quizás nunca debimos coger. Pero oye, que nosotras no elegimos de quien encapricharnos, y tampoco elegimos que chicos con novia nos digan lo felices que serían con nosotras, ni mucho menos que chicos encantadores -pero que no nos enganchan- sean tan perfectos y tan buenos que lleguemos a pensar: "Es demasiado bueno para mí".



Y es que a veces las chicas, también tenemos estas cosas extrañas de no saber lo que queremos, de nadar entre dos aguas y de tratar pilotar un avión en el que acabamos de montarnos. Nuestra vida es como una montaña rusa, llena de aventuras, de subidas y bajadas, de incertidumbre y miedos, de desenfreno y pasión, de lamentos y de "no tenía que haberme subido aquel día cuando me lo advirtieron". Y es que, sólo al bajar y pasado un tiempo, es cuando meditamos las cosas y pensamos si de verdad merece la pena volver a subir. 

Lo que Steve Jobs denominaba algo así como "unir los puntos del pasado" es lo que se ha convertido en la materia fundamental de mi estudio, que como no podía ser de otro modo, se basa en la experiencia y en la exploración de mi entorno. 



Pero... y cuando nos quedamos ahí paradas, en medio de la nada, pensando qué hacer, qué decir, cómo afrontar lo que un día nos prometieron que sería felicidad eterna... Y es que nada es eterno, ni el amor es para siempre, ni los besos son para siempre, ni los "te quiero" son para siempre... Nada es para siempre. Pero ese "nada es para siempre" puede ser llevadero si nos planteamos una cuestión que no hay que pasar por alto: Que la vida son dos días, que pensar en los demás está bien, pero que olvidarse de uno mismo no es el camino. Las barreras se destruyen con las palabras y no con las armas, las mentiras se desmontan con la verdad y no con el insulto, y el capricho se desvanece cuando con seguridad afrontamos una realidad y decidimos emprender el camino de la constancia, del esfuerzo, del disfrute y sobre todo, el camino en el que no se desechan oportunidades y se revelan las prioridades.

miércoles, 31 de julio de 2013

Comenzamos...

"Frente a la orilla observaba las olas del mar. El Mediterráneo era un mar que siempre había sido de su agrado, la temperatura era agradable y la brisa del viento hacía que el cabello rizado color miel se posase sobre sus párpados. 

Pensar se había convertido en su acción habitual. Aun de noche los recuerdos convertidos en sueños se apoderaban de ella. Cada noche se convertía en una odisea el hecho de pensar lo que sería dejar caer su cuerpo sobre la cama, entrar dentro de las sábanas y cerrar los ojos con el objetivo o mejor dicho, la misión, de dormir plácidamente sin miedo.

Los proyectos, los sueños, los retos... Todos y cada uno de ellos se habían convertido en sus pesadillas diarias. Ella necesitaba emprender, tenía ideas, pero le faltaban los medios. 

Los recortes del gobierno habían causado estragos en su futuro. La juventud sin recursos no podía lograr los mismos objetivos que quienes los tenían aun teniendo menos aptitudes. A ella no le parecía justo, pero aun así no se rendía, no podía dejar la posibilidad de emprender, de ser alguien en la vida, o mejor dicho, de ser quien ella realmente quería ser desde que tenía uso de razón. "

Continuaré, pero esta podría ser la historia de cualquier joven de la España de hoy, esa España que está dejando a su ciudadanía sin aliento y a su juventud sin oportunidades. Este es el comienzo de mi historia, la que siempre quise comenzar a escribir,  pero de momento y hasta que tenga la suerte de que alguien apueste por mi, será simplemente un cuaderno de "bitácoras" que iré guardando con mucho cariño.

Nos vemos pronto ;)

María.


domingo, 2 de junio de 2013

La última maleta.


Es mi última noche. 

Llevo cinco años imaginando cómo sería, y la verdad es que no la imaginaba así. Las semanas antes de empezar la universidad (hará 5 años pronto) imaginaba cómo sería llenar las maletas de ropa y de objetos personales imprescindibles. Ahora me las llevo cargadas, pero sobre todo de recuerdos.

Mis paseos por el Retiro, entrar y salir en las tiendas de la Gran Vía, pasear entre la multitud de Preciados, sentirte iluminada por las luces de Navidad, pasear entre libros en las Ferias del Libro, o ir al FNAC a probar los últimos artilugios electrónicos... El Musical del Rey León, mis jueves en el Lemon, encontrarme con Gonzo del Intermedio un sábado a las 7 de la mañana, mis encontronazos por la Gran Vía con famosos, mis tweets  de madrugada después de 5 cubatas, mis días enteros en Somosaguas... Mis noches, tardes y mañana de Tigre con Santi, Chuso, Félix, Emilio, Moratinos, Rodrigo, Pablo, Patri, Paola, Alba, Adriana y muchos más... Nuestras cenas en el Palacio de Invierno y las visitas de mi Pao a Madrid, tertulias hasta las tantas con Alba y Cocorococo (aprendí a quererle, lo sabes), montarte en un taxi con 15 euros y no saber si te llegaría el dinero, dejar a la gente plantada en el Lemon cuando tu compañera de piso ha desaparecido, no acordarte de lo que hiciste la noche anterior y reírte al recordarlo, mis chantajes emocionales a Pablo y Raul para que acabásemos haciendo lo que yo quería, mis días en la facultad con Osmi, Rober, Salva, Nira, Charo, Pablo... esos no tienen precio. Mis partidos en el Bernabeu con la family, hacer de guía turística por Madrid, mis paseos con Rodriguitis, mis charlas con Oriol, pedir apuntes y prestarlos, hacer una cola inmensa en la secretaría en los meses de octubre y noviembre, arreglar papeleo, escoger asignaturas, los repasos de última hora, salir pensando: "no voy a comprarme nada" y volver con bolsas del Lefties, H&M, Berskha, Stradivarius, Zara o el Corte Inglés... Noche de botellón en Plaza España, Vázquez de Mella o la calle Libertad, salir con Félix y Marili por Chueca y que te llamen lesbiana sin ton ni son... Con deciros que hasta voy a echar de menos esas fatídicas noches que he acabado en el Long Play pensando: ¿qué coño hago otra vez aquí si la última vez dije que no volvería jamás? 

En Chueca siempre intentan engancharme, y yo pregunto: pero ¿hay heteros? y me dicen: Sí, sí. Mentira, luego todos son gays, y los que no lo son tienen novia. 

Echaré de menos quedar con Chuso y que aparezca una hora tarde poniéndote la típica escusa: Mi amor, se me ha complicado la noche. O esas noches de sábado con Emi durmiendo en su casa y que su gata se tire en mi cara literalmente. Que Santi llegue de madrugada y no haga ruído, sino que sea yo la que tiene el oído fino. Acabar convenciendo a Pablo después de que me haya dicho que NO 50 veces. Mis charlas con Ruth y Borja y nuestros desayunos, comidas y cenas en el Van Gogh. Mis estudios intensivos con Víctor y nuestros paseos por Madrid para despejarnos y acabar hablando de lo mismo siempre: política... 

Gracias por todo este tiempo, esta es mi última maleta, pero no será mi último viaje. Gracias por haber hecho de Madrid, MI CASA.

Sol, Plaza Mayor, Calle Alcalá, Cibeles, Neptuno, el Retiro, Paseo del Prado, Moncloa, Plaza España, La Latina, Atocha, Chamartín, la pradera de San Isidro, Colón, Malasaña, Huertas y por supuesto, Chueca... a fin de cuentas, Madrid.

María. 

jueves, 16 de mayo de 2013

Revolucionemos Extremadura.

El martes cuando volvía de Madrid en tren salía a relucir la conversación de siempre, la de las oportunidades. Hay cantidad de tópicos por ahí en relación a Extremadura, grandes mentiras de la historia, donde esta en lugar de ayudarnos ha hecho de esta comunidad la eterna desconocida. Ustedes mismos pudieron ver la trama de "Los Santos Inocentes" donde se ridiculizaba a la vez que se trasladaba a la sociedad española una visión de la  Extremadura de entonces que nada tiene que con la de ahora.

Nuestra tierra ha prosperado y también lo ha hecho su gente, lo que se palpa cuando alguien viene a Extremadura es lo siguiente: ¡Ala que preciosa tierra, no sabía que era tan bonita! ¡y cómo es su gente! La amabilidad de sus gentes, la humildad de las personas y sobre todo la confianza que desprendemos han hecho de los y las extremeñas personas sencillas, cercanas y sobre todo luchadoras. 

¿Qué nos faltan? OPORTUNIDADES. 
A menudo me cruzo con cientos de personas, pero sobre todo guardo pequeños recuerdos de mis viajes en tren desde Madrid a Badajoz y desde Badajoz a Madrid. De nuevo en este último trayecto el tema de conversación han sido las oportunidades. Porque las oportunidades que otros siempre han tenido son las que nosotros como extremeños y extremeñas jamás hemos podido disfrutar. 

Las comunicaciones en tren con la capital de España siguen sin ser las que esta tierra merecen, y no lo son porque los políticos se hartan de prometer cosas que jamás han logrado cumplir: la defensa de los intereses de su tierra por encima de todo, incluso por encima de los de su propio partido. 

Hay mentes de artistas y corazones de emprendedores y emprendedoras en esta tierra, nos sobra la originalidad y las ideas, pero nos faltan las oportunidades desde las instituciones. 

Y desde aquí os propongo algo. Yo me niego a abandonar mi tierra, a llevar mi talento fuera, y me niego porque me atan demasiadas cosas a Olivenza, a Badajoz y Extremadura. Tengo mis raíces arraigadas, me encanta viajar, pero siempre con billete de ida y vuelta. No cambiaría esta tierra por nada, y no me gustaría tener que abandonarla para poder triunfar fuera. 

Monago nos subestima a diario, ahora primando a sus "alumnos de la ESO de los 1000 euros" en el plan de empleo, frente a quienes hemos estado formándonos toda nuestra vida. Se ríe de nosotros , nos ningunea, nos torea y nos mea encima (perdón). Y por eso, os propongo que seamos capaces de asociarnos, que tratemos de revolucionar Extremadura, que nos la pateemos de cabo a rabo buscando apoyos donde sea,  y dejándole bien claro que esta tierra no tiene precio y que nuestro talento tiene que quedarse DENTRO, en Extremadura. Él en  cambio sí tiene precio, lo tiene desde el día que decidió venderse por un puñado votos, pagando cursos de Educación Secundaria y tratándoles de manera privilegiada frente al resto. ASÍ, NO. 

María.