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lunes, 28 de septiembre de 2015

Quedarán los versos y los porqués.

Aún intento asimilar que aquella noche fue real.
Desde lejos, te escuchamos, vibramos contigo, fuimos felices... Infinidad de recuerdos comenzaban a golpearme, recuerdos nuestros, míos, de todos. La vida es eso, un cúmulo de momentos y de recuerdos encontrados.

Hoy voy a ser breve, poco más puedo añadir a este extraño sentimiento de felicidad amarga que me persigue.




Desde cuándo te estaré esperando, por ti, yo volví por ti, pero no te vi, si no estás sólo soy un zombie a la intemperie looking for paradise. Porque aquello que me diste, me hizo comprender, que la música no se toca. A que no me dejas, qué sabes tú, y qué sé yo...
Son tan fuertes tus miradas...

Y allí, entre la multitud, de nuevo entendí que nada sucede por casualidad, y que entre toda esta vorágine de sentimientos, sólo me queda pensar que pasarás, más tarde o más temprano, pasarás, porque todo pasa y todo queda.

Pasaréis, pasarán los tiempos, se irán los momentos, ya lo veréis... 
Pasarán los imperios, las guerras, los besos y dónde miréis... 
Quedarán los veros y los porqués,  recuérdalo...  esta canción, la música no se toca. 

martes, 7 de abril de 2015

Viajeros al tren, última llamada.


La última llamada del tren le hizo reflexionar. Cogió su maleta y se adentró en aquel vagón del que sabía muy poco. Al cabo de unas horas comenzó a sentirse como en casa.
El traqueteo de las vías hizo que su única preocupación fuese descubrir cuántas gamas de color verde lucían sobre aquellos campos.
Al principio se sentía insegura, algo desanimada quizás. No lograba saber si se estaba equivocando, si remontaría, si aquella aventura podría resultar alentadora. Y es que, de nuevo, su inseguridad palpitaba cuando el túnel comenzaba a acercarse en el camino.

Hay veces en las que el final del túnel queda muy lejano; no alcanzamos a ver la luz verde, ni siquiera la blanca. Y cuando estamos a punto de rendirnos es cuando menos nos queda para alcanzar el éxito. Por las pequeñas cosas acabamos dándonos cuenta de que nada hubiera sido posible sin los baches, sin esas rachas en las que todo parecía imposible pero lográbamos que fuese todo lo contrario.
Quizás sea porque lo imposible sólo tarda un poco más, y quizás por eso mismo el éxito acabe siendo posible.

Cuando nadie cree en nosotros podemos llegar a frustrarnos; o por el contrario, podemos llegar a creer en nosotros mismos con más ganas que nunca. Porque cuando los demás dan por sentado que no alcanzaremos algo es cuando más fuertes vamos a sentirnos, al pensar que únicamente debemos confiar en lo que somos y en aquello en lo que nos podemos convertir.
Por eso dicen que no hay mayor fuerza para alcanzar una meta que la de creer en uno mismo. Y por eso mismo, nunca debes olvidar que si no te tienes a ti mismo jamás podrás tener a nadie.


El viaje en tren continuaba, habían alcanzado a superar laderas y la niebla de las altas montañas. Y aun así, ella no dejó de creer en sí misma ni un sólo instante. Ni siquiera por momentos se planteó aquello de rendirse, porque de haberlo hecho, se estaría traicionando a sí misma.



Y al otro lado, en cualquier tren y dirigiéndose a cualquier camino, se encontraba él. 
Con él lograba ver la luz al final del túnel, esa luz que sin saberlo comenzó siendo tenue y poco a poco fue alcanzando su color. No fue fácil, de hecho, sigue sin ser fácil, pero si de algo está convencida es de saber lo que quiere, y aunque le cueste, seguirá persiguiendo lo que parece imposible para hacerlo posible. 

lunes, 30 de marzo de 2015

¿Sabes echarle de menos?

La realidad es que ella le quería, pero realmente, no quería quererle. Quererle suponía sentir la carga de sus sentimientos sobre sus hombros cada día; quererle suponía abandonar la falsa idea de "vivir el momento", de sentir que cada día era el único. Porque sinceramente, cada día deja de ser único cuando esa persona con la que quieres estar, deja de estar. Y esto sucede, porque en realidad, cuando quieres a alguien, la idea de pensar que el momento no es siempre, te hace abandonar el reto de aprender a quererle sin extrañarle.

Cuando sabes que quieres a alguien pero no lo asumes, acabas por darte cuenta de que no es a los demás a quiénes engañas, sino a ti mismo cada día. Te avergüenzas de sentir celos, de echarle de menos, te inventas una y mil historias para parecer sincera contigo misma, incluso, para parecerlo con los demás. Pero una vez que pones lo pies en la tierra, y asumes ese riesgo, tratas de concebir la realidad: y es que querer no es más que un sentimiento compartido cuando la otra persona también lo siente. 


El miedo se apodera lo que se siente, de lo que se piensa, de lo que sucede y de lo que no sucede. Porque a veces, las personas no sólo no somos capaces de vivir el momento sino que llegamos a impedir que otros puedan comenzar a vivirlo. Y es en el sacrificio de esa renuncia a vivir el momento, donde la suerte te acaba premiando por ello. 

Ser capaz de vivir no es más que ser capaz de ser uno mismo, sin saber qué es lo que otros esperan de ti, simplemente, teniendo la seguridad de que siendo uno mismo podrás no dejar escapar ni una sola oportunidad que merezca la alegría. 

Cansada de escuchar que todo es "cuestión de tiempo", una vez más decidió salir a tomar el sol. Aunque a decir  verdad, no estaba muy convencida de ello, sentía que por momentos le había vuelto a tener cerca, lo suficiente, como para volver a sentir que sabía lo que era echarle de menos. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Quiérete, valórate y déjate querer. En ese orden.

Tendida en la cama observaba cada detalle de su habitación. La cabeza le daba vueltas al recordar una y otra vez aquella conversación que pensaba que había sido la definitiva. 

Aquella mañana había sentido la extraña sensación de tenerle muy cerca pero a la vez lo suficientemente lejos como para no volver a verle. No era él quien decidía en ese momento, sino ella, guiada por cada recuerdo, quien pausada, le explicaba con la voz entrecortada que no podía ser su amiga porque realmente algo le quería.




"No puedo ser tu amiga, le dijo ella." Mientras, él asentía, sin entender muy bien qué había sucedido.
La conversación dio un giro, sin reproches y con calma, ella le aseguraba que no era cuestión de palabras, sino de sensaciones. Y realmente, era esa sensación eterna de esperar algo que no acababa de llegar, lo que la tenía angustiada, nerviosa e inquieta.

Se había acostumbrado a escucharle, a leerle, a sentirle cerca. Incluso, por momentos se había hecho a aquella situación de incertidumbre que le deparaba cada día, sin saber qué sucedería al día siguiente. Los instantes que pasaban juntos se habían convertido en un tiempo infinito, y los que no pasaban juntos, tan sólo en un mal recuerdo del que ella quería deshacerse.

Quizás pueda sonar exagerado el hecho de recordar con tanta intensidad a alguien que conocía desde hacía tan poco tiempo. Pero no fue el tiempo lo que la hizo volver a pensar si había hecho lo correcto, sino esa extraña sensación que nos invade cuando sentimos que perdemos algo que ni siquiera hemos llegado a tener del todo.

La vida, como en los cuentos, siempre acaba por sorprenderlos. Ella miraba el reloj, a la espera de un mensaje, una llamada o un simple hola. Llegó a pensar que no volvería a escucharle, a la vez que se sentía segura de sí misma por haber llegado a comprender que antes de querer a los demás, es imprescindible saber quererse a sí mismos.




lunes, 26 de diciembre de 2011

"Sucede que a veces..."


Sucede que a veces... los momentos que conforman nuestra vida aparcan sus pleitos en busca de algo mejor. Nunca sabemos realmente si nos estamos equivocando o no, no sabemos si nos arrepentiremos de haber tomado una decisión u otra... ¿Pero merece la pena realmente perder el tiempo en pensar si esto o lo otro es lo adecuado? Últimamente opto por actuar dejándome llevar, gano más, y quizás también lo pierda, pero en este mundo de locos la valentía prima y el buscar amor es un riesgo que merece la pena seguir.

Posiblemente me esté equivocando al dejar que la sangre circule por mi corazón sin que mi mente ponga una sola traba, posiblemente me haya equivocado al dar por ganado el juicio a mi corazón y haber puesto a mi mente en la calle con dos maletas llenas... Pero, ¿por qué no puede ser este mi momento? Todo llega dicen, pero si seguimos ocultándoles en una cueva nunca llegará. Hablo de los sentimientos. He dejado atrás la frialdad que más de uno piensa que tengo, he dado paso a la cálida brisa que me ofrece la música de Ismael Serrano... Me he dejado llevar por las letras de Sabina y meditado sobre las de Serrat en versos de Antonio Machado y Miguel Hernández... ¿Todos se equivocaban?

No sé si voy a acertar o si será un intento fallido, uno de tantos que se sume a mi larga lista de derrotas. Pero un día me enseñaron que si arriesgaba tenía dos opciones: ganar o perder, y si no lo hago estoy condenada a perderlo todo, estoy condenada a perder el paso de mi vida mientras que otros intentan lo posible y lo imposible por alzarse con ese sentimiento algo abstracto que dicen que es la tan ansiada felicidad.


María.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Una cálida brisa de vientos revueltos...

La ansiedad me atrapa, los nervios me corroen y mi mente da vueltas y vueltas a una historia que puede que no sea más que eso, historia.

El leve susurro de las hojas caídas se apodera de mí... Me envuelve entre una cálida brisa de aire que se aleja muy despacio. La imagen persiste. Es la misma de ayer, antes de ayer... es la misma de la semana pasada y la de hace dos semanas...

Me he enganchado a tus besos, caricias y abrazos sin haberlos tenido... Me he acostumbrado a escucharte cuando en realidad sólo te leo a diario... Palabras que puede que se lleven estos vientos revueltos...

En mí eres como un sueño, pero a la vez una realidad diaria... Te miro a los ojos cada mañana, cada tarde, cada noche para decirte eso, que estoy empezando a quererte... A ojos del mundo puedes ser uno más, para mi, tan sólo eres tú: Único, irrepetible, impresionante... solamente tú.

Extraño las cuerdas de mi guitarra, la echo de menos a ella en general. La inspiración me atrapa y ahora sería el momento de escribirte lo que siento... Ella está lejos, me queda un recurso, pluma y papel...

Letras que me recuerdan a ti, palabras que forman parte de esta historia y miradas imaginarias que serían la gran prueba de fuego para demostrarte que una imagen vale más que mil palabras.

Despierto del sueño, deseo encontrarte, me miras, te miro, me besas, te beso... Pasa el tiempo y cada segundo me parece una eternidad si tu no estás...

A veces pienso... ¿Será la magia que envuelve al Carnaval?

jueves, 1 de septiembre de 2011

"El valor de la palabra"

Madrid, 3.14 AM
Al despertarme sentí una suave brisa de aire que rozaba mi cuerpo. Se trataba de una sensación apetecible a la vez que extraña. Me deparé por un momento a pensar qué había estado haciendo la noche anterior… pero no recordaba nada. Mi mente se había quedado en blanco. Bueno… no, en blanco no. Aparecías tú.
Sigo aquí sin saber quién eres, de dónde has salido, de qué me conoces… pero lo que no paro de pensar es… ¿por qué tú?, precisamente tú. Ojos negros color azabache, piel morena y cabello oscuro. Una sonrisa dibujada en su rostro y un amago de felicidad que se acerca lentamente…
Mis sueños envueltos en recuerdos, en caricias, besos y abrazos. Sueños que son la prueba más certera de una verdad sin miedo, sin engaño… Dónde el máximo valor lo alcanza la palabra y aquélla persona que detentando un carisma especial es capaz de utilizarla consiguiendo captar la atención del mundo.
Y ahí fue cuando supe de que te conocía, por qué te recordaba… Supe quién eras, y eras tú…
Me miraste, te miré; me robaste un beso y yo a ti cien; un abrazo, y dos, y tres…
Una ciudad, un encanto especial,
De nuevo sentía esa brisa que rozaba mi cuerpo,
Esta vez eras tú, claro y directo, tú, y solamente tú.
Desvelaste mi sueño, compartimos recuerdos,
Escuchaba tu voz, observaba tus labios y me enamoraba de tu mirada…
Tus palabras llegaron como agua de mayo,
Mi memoria lamenta los detalles que cesan…
Y ahí estabas tú…
La palabra se hizo eco de tu cuerpo, destellos de felicidad, y una ciudad… tan sólo una ciudad. Vuelve para no marchar, de ser así, el tiempo lo dirá ;)
Buenas noches, y buena suerte.
Pdta. Está dedicado, aunque en ocasiones de la vida no hace falta poner nombre y apellidos si la otra persona de sobra sabe que es el único destinatario posible de tal declaración de acciones e intenciones.

sábado, 13 de agosto de 2011

Capítulo 1: El día en que le conocí.

"Todo comenzó en una tarde de verano,  en una ciudad acogedora y entrañable y en un ambiente discernido.
La sensación que tuve al verle fue extraña... algo se estremeció dentro de mí, pero no sabía exactamente cómo y por qué me ocurría eso. No entendía por qué al mirarle lo hacía de manera distinta al resto, ni por qué la sonrisa se dibujaba en mi rostro sin motivo alguno… En realidad, me paré a pensar unos segundos, y sí tenía motivos, no había mejor motivo que sentir la sensación de complicidad con alguien a quien ni siquiera conoces, y ya no sólo eso, con alguien con quién nunca has mediado palabra.
No le conocía de nada pero tenía interés en hacerlo. Corría el riesgo de tener un no por respuesta, pero por suerte eso no sucedió.
Cruzamos miradas, gestos de complicidad y me tiré a la piscina sin miedo. Por un momento sentí que me haría daño pero al instante se me borró esa fugaz idea de la mente. Estaba a gusto, riendo y sonriendo, estaba feliz.
A veces existe más comunicación escrita y a través de los gestos que con palabras a viva voz. No sé por qué muchos se empeñan en decir que no se conoce a una persona a través de sus palabras plasmadas en un papel o mismamente con sólo mirarle a los ojos.
Sentía tranquilidad al tenerle cerca. No a mi lado, pero sí cerca. En un lugar dónde pudiese verle, observarle, dónde pudiese percatarme de que todo estaba a salvo. Me ponía nerviosa de sólo pensar que todo eran imaginaciones mías, tenía miedo… es eso, miedo.
El miedo nos invade, nos hace ser vulnerables y débiles ante el resto, pero a la vez, el miedo nos hace cometer locuras. Locuras que hacen honor a su nombre cuando se cometen en nombre del amor. El amor no existe, nunca le he conocido. He creído conocerlo muchas veces pero al final todo se esfumaba. Eran sueños, simplemente eso, sueños.
Me desperté algo nerviosa, tenía un leve recuerdo de lo acontecido pero no sabía si algo tenía que ver con la realidad o todo había sido producto de mi imaginación. Giré la cabeza y le vi a mi lado, no había sido un sueño.”