lunes, 3 de febrero de 2020

Lo que el interior esconde

Todos querríamos cambiar algo de nosotros mismos. 
Todos en alguna ocasión hemos creído que nos falta ese algo para sentirnos realmente plenos.        Ese algo que quizás podría gustar a ese alguien del que esperas recibir un hola acompañado de una carita sonriente en cualquier moderna red social. Ese alguien a quién deseas sorprender, o del que simplemente deseas llamar su atención, aunque se trate de una reacción o una barrita que mide la intensidad de cero a diez. 

Y sí, es cierto, nos pasamos media vida queriendo cambiar aquello que nos acompaña para agradar a los demás, olvidando que en primera instancia tan sólo tenemos y debemos gustarnos a nosotros mismos. Y es que la vida, se encarga de hacer el resto. De manera organizada, o no, de un modo secuencial o estructurado, con escalas o sin ellas, pero dejando fluir la historia. Porque cuando sucede por casualidad, acaba por ser imparable. 

 Nos preocupamos tanto y demasiado por cuidar lo que se ve, que olvidamos atender aquello que nuestro interior esconde. Y es que eso, también necesita pulirse a diario para hacernos un poco más fuertes cada día, más seguros, más propensos a no decaer. Al igual que las plantas necesitan agua para crecer, nosotros mismos necesitamos fortalecer nuestros vínculos internos para ser y estar.        No olvidemos que lo mejor que guardamos de nosotros es aquello que no se ve, ese algo que sólo decidimos mostrar en ocasiones dependiendo del lugar y de la persona. Eso a lo que no todo el mundo accede, eso que nos convierte en mágicos, en únicos e irrepetibles. Eso que no se copia ni se imita, eso que fluye y que determina nuestras relaciones y el curso de nuestra vida. 

Y os pregunto, ¿cuánto tiempo dedicáis a cuidaros por dentro? ¿Os preocupa sentiros bien con vosotros mismos con respecto a eso que esconde vuestro interior? Lo ideal sería cuidarlo a menudo, preguntarnos si somos lo que queremos, o si queremos ser otra cosa distinta a la que somos. Lo justo sería mirarse en el espejo y pensar si lo que vemos -más allá de ese simple cristal- es lo que siempre quisimos de nosotros. Y la mayoría de las veces, por no decir todas las veces, la respuesta está en ti, en mí, simplemente en nosotros. Porque de cada uno de nosotros siempre depende aquello en lo que queramos convertirnos, siempre tenemos la clave. La clave siempre está en ti. 

Lo que el interior esconde siempre resulta determinante para ser, estar y permanecer. O dicho de otro modo, también para no hacerlo.

miércoles, 29 de enero de 2020

Los días son como las personas.


Supongo que los días son como las personas, no siempre podemos estar igual de bien. Y es en los días malos, cuando las personas son más de verdad que nunca. Lo son porque la vulnerabilidad nos hace olvidar aquello que nos hace fuertes para convertirnos en seres un poco más débiles. Y no, no debemos tener miedo a ser vulnerables con nosotros mismos, porque conocerse es imprescindible para mejorar, y por qué no decirlo, para aspirar siempre a más. 

¿Qué sería de nosotros teniendo siempre días buenos? A veces no es fácil tomar decisiones cuando estamos en ese punto de inflexión que nos hace sentirnos tan así, tan nosotros, pero a la vez tan desconocidos. Porque cuando sentimos que nos fallamos, el dolor es inmenso. 

La auto exigencia nos aploma, y puede llegar a destruirnos si no logramos controlarla bien. 
Y no, no hablo de controlar nuestros impulsos, nuestras sensaciones o nuestras ganas, hablo de controlar nuestra capacidad para exigirnos por encima de nuestras posibilidades. 

En ocasiones el cuerpo habla y dice “stop”, y además, comienza haciéndolo de manera muy sutil para terminar por advertirnos lo que puede llegar si no actuamos. ¿Por qué nos empeñamos entonces en forzarnos hacia aquello que no podemos alcanzar?  Y matizo, ¿por qué nos empeñamos en forzarnos hacia aquello que quizás no podamos alcanzar hoy, pero sí mañana? Trato de explicaros con esto que no todos los días se tiene el mismo ánimo, ni las mismas ganas, tampoco la misma predisposición para conseguir lo que queremos. Pero esto no significa que no podamos, significa que necesitamos tiempo. Tiempo para interiorizar, para comprender y para materializar lo que queremos. Porque nosotros también necesitamos tiempo para estar con nosotros mismos, lejos de la exigencia y la auto exigencia, lejos de la necesidad y las decisiones. 

A veces, una buena decisión es menos buena si se toma sin ser meditada. No debemos culparnos por no tener los mejores días, también los necesitamos para comprender cuál es el punto de partida y cómo llegar al resultado que anhelamos. Y es en esos días, cuando aparecen las mejores personas, las que quizás no esperas, pero llegan. Las que pisan fuerte y no se ponen de perfil, las que te inspiran, las que te hacen ver que siempre puede llegar alguien mejor capaz de pintar una sonrisa inesperada. 

Supongo, que ese tipo de personas son lo más similar que existe a esa clase de libros que te enganchan y no quieres dejar de leer. Y permitidme además añadir, que, ese tipo de personas suelen aparecer precisamente en los días menos buenos para convertirlos en algo menos malos. 
 
Estoy segura entonces, de que esa clase de días con esa clase de personas son la combinación perfecta para conseguir algo:

“Un día de repente y por casualidad, llega alguien a tu vida y la reinicia”.

domingo, 20 de octubre de 2019

Y sonríe, siempre sonríe.

Un día de repente y por casualidad, llega alguien a tu vida y la reinicia. 
Lo hace de tal forma que apenas llegas apreciar cómo y de qué modo puede utilizar ese pequeño poder que no todo el mundo tiene. Que no es un poder cualquiera, ni que puedan utilizar otras personas contigo, es ese algo que da miedo y vértigo a la vez, es eso que te hace huir un día sin más explicación. Algo que se contagia, es esa risa que acorta la distancia entre dos personas. Son esas ganas, esa magia, es complicidad. Esa puta complicidad que no logras tener con nadie, que no te habías imaginado que existía, y que por momentos trastoca tu "desordenada" vida.

La complicidad. Sí, se trata de eso. 

No siempre es fácil plantarse y decir basta. No lo es, ni todos somos lo suficientemente fuertes como para hacerlo. Pero al llegar ese momento, y sin esperarlo, nos espera ese alguien a la vuelta de la esquina para plantarnos una dosis de realidad en toda la cara. Y quizás llegue para hacernos la vida un poco más fácil, o para complicarla algo más. Nunca se sabe. ¿Pero qué sucede si no se arriesga? No es que no se gane, es que tampoco se puede llegar a perder. 

Cuando te sientes vacío y perdido, cuando sientes que nada puede mejorar y de repente te sorprenden, es cuando llegas a plantearte dos cosas: 

1. Que nada es para siempre. 
2. Y que lo que parecía para siempre puede cambiar si no se cuida. 

Y os pregunto, ¿habéis sentido alguna vez esa extraña sensación de vacío? Es jodido, sí. Sobre todo porque echar de menos a alguien duele, pero siempre duele más pensar que algo no se intenta porque se prefiere huir. Y si se prefiere huir, dejad que huyan, están en su derecho de no querer que alguien les quiera de verdad, están en su derecho de no querer enamorarse. Esa es la delgada línea que recorre la frontera entre la complicidad y el peligro. Una vez más, aquí, hablando del amor

Y ante esto, sólo podría afirmar una cosa: 

"Cuando comprendas que la primera opción en tu vida siempre debes ser tú, habrás aprendido el real sentido de vivir en todos y cada uno de sus aspectos. Date la vuelta y no mires hacia atrás cuando no quieras algo. Y sonríe, siempre sonríe". 

Y es que la vida es así, no siempre estamos dispuestos a apostar al mismo tiempo ni con las mismas ganas, pero no te sirvas de excusas, sé claro y di: no quiero apostar por ti. 
En realidad, yo no sabría hacerlo de otro modo, porque apostar todo en la vida para alcanzar lo que quieres siempre es el camino para que te sigan las luces. 

Y realmente, sí, es eso, nunca sabes quién va a hacer tu vida diferente. 

No olvidéis, siempre es siempre.

domingo, 16 de diciembre de 2018

La vida es otra cosa.

A veces no todo el mundo te entiende. Y realmente, es normal que no todos puedan entenderte. Parecerse a los demás implicaría carecer de personalidad, y sinceramente, yo soy de las que prefiere no parecerse a nadie y tener mucho más de lo segundo. Es completamente respetable no querer tenerla y preferir llevarse bien con todo el mundo. Ojo, que no lo juzgo, tan sólo discrepo. 

Cuando estamos tan seguras de lo que queremos no hay nada que nos frene. Es por eso, quizás, por lo que el malestar de otros afecta menos. Quizás también tenga mucho que ver en eso que nuestra visión independiente de la vida nos acompañe y salga a flote, porque somos supervivientes del sistema. Y es esa supervivencia la que nos lleva a no esperar nada de nadie. Por eso, nosotros los supervivientes, tampoco queremos que los demás esperen de nosotros, ya que quien crea expectativas altas y no recibe lo que espera, tiene un problema. No dejéis que nadie, por tanto, os responsabilice de ver fracasar sus expectativas, porque son suyas, no vuestras. Vuestro camino lo habéis marcado vosotros, vuestra hoja de ruta es vuestra, y de nadie más. Cada apuesta, cada sueño y cada reto será vuestro. Si comenzáis a hacer vuestros los retos y las expectativas de los demás acabaréis haciendo lo que otros esperan de vosotros y no lo que realmente queréis hacer.

Ante esta tesitura, ¿es preferible estar o dejar pasar?
Valientemente me decantaría más por lo segundo. No se puede obligar a nadie a que esté a tu lado si no es feliz, hay ciertas cosas que no se mendigan.



En ocasiones no sé cómo canalizar tanta energía. A veces me brotan la fuerza y las ideas y me descompongo, me deshago a pedazos, me vengo abajo en un momento. Posiblemente esto tenga algo que ver con la imposibilidad de organizarlo todo de pronto, de poner orden al momento y de planificar cada historia. 

Cuando alguien espera de ti algo que no eres, o cuando pretende cambiar algo que es esencial en tu vida, sólo tienes un camino, y es el de pasar página y comenzar otro libro. Los libros marcan la vida de las personas, al menos a mí me sucede. Sucede que a veces llevo tiempo intentando comenzar una serie o un libro, pero siempre hay algo que lo imposibilita. Ese algo no proviene de nosotros, es algo así como una fuerza externa (aunque a algunos pueda provocaros la risa) que pone en el momento idóneo las palabras y las circunstancias adecuadas. Y esto sucede también con las personas. 
Hay libros que nos abren los ojos marcando con una historia bonita o simplemente especial nuestro camino; series que nos hacen cambiar el chip de la vida, de la nuestra y la general; y personas que simplemente nos hacen clic. 

Esto último, es la vida misma. 

Pero, ¿qué son las constantes caídas y la incapacidad de avanzar? ¿Qué son las trabas a nuestra supervivencia? ¿Qué son los momentos que dejan de ser especiales para convertirse simplemente en un momento más? Definitivamente, la vida es otra cosa. 

La vida es amor, la vida es valor, la vida es sueño, y tu vida, la tuya, eres tú misma. No dejes que nadie te la arrebate. No dejes que pretendan escribir tu hoja de ruta, que te instruyan en tu discurso, que modifiquen tu mensaje, que vulneren tus "tips", tú y tan sólo tú. 

viernes, 1 de abril de 2016

Parecíamos dos extraños.

Aquella noche, él estaba allí. Después de varios meses sin saber nada el uno del otro, volvimos a cruzarnos. Fue extraño, para él y para mí, sobre todo para mí porque no fui yo quien decidió poner un alto en el camino.
No era el día más adecuado para preguntarnos 'por qué' y por eso preferí no hacerlo. Pero en realidad, siempre es inevitable cuando alguien te importa, sobre todo cuando te importa más de lo que te gustaría. 

Mirarle me hacía daño, pero a la vez le extrañaba. Me sentí una extraña entre tanta gente, bebí para olvidar. 
Beber nunca es la solución a los problemas, menos aun cuando algo no depende sólo de nosotros. 

Un día me prometí a mí misma que olvidaría todo aquello que me hiciese daño; que lo guardaría en un cajón de retos superados; que lo haría invisible ante mi sonrisa, ante mis recuerdos. Hoy he tenido ese flash, ese maldito flash de recuerdos que impide que se borren del todo. 

Alguien me dijo hace no mucho: haz los planes para ti, y si puedes hacerlos con alguien mejor, pero nunca los hagas contra ti.
Pase lo que pase, a pesar de que alguien haga clic en tu vida, a pesar de que alguien te ayude y te enseñe a olvidar, jamás dejes de hacer los planes para ti. De no ser así, cualquier día, sin darte cuenta, te mirarás a la espejo y también tú sentirás una extraña ante ti misma. 

viernes, 4 de marzo de 2016

Excusas con fecha de caducidad.

A veces la vida nos devuelve lo mismo que en alguna ocasión nosotros le hemos entregado a otros. Qué digo a veces, en realidad siempre ocurre así. El karma tiene estas cosas, y pensamos "¡jodido karma, ha vuelto a ganarme la partida!". Aunque a decir verdad, en ocasiones pensamos que podemos engañarle, que por una vez no pasa nada, si no se va enterar, si total... que más da, sólo ha sido un beso, o una caricia, o un simple hola vía whatsapp... ¡Maldito whatsapp, malditas redes sociales! (eso nos da por pensar cuando nos damos cuenta de que lo que nosotros podemos hacer, es lo que la otra persona podría estarnos haciendo a nosotros mismos.)

Pero a decir verdad... hay una cosa que debemos tener clara:



Este tipo de cosas suceden cuando alguien nos tienta, nos provoca, y no es que únicamente lo intente, sino que lo consigue. Y cuando eso ocurre, ni pensamos, ni valoramos, ni equilibramos, solamente actuamos.



Los lamentos llegan después. Porque seamos sinceros, llegan. Siempre llegan. Y en ese momento, tenemos dos opciones: una, seguir haciendo lo que queremos, con los ojos cerrados, sin mirar, sin querer saber, sin investigar; o dos, plantarnos y decir "basta". Lo primero sucede cuando tenemos un colchón sobre el que tumbarnos, y lo segundo, cuando la situación acaba por irse de las manos de cualquiera y todo comienza a complicarse. Dependerá del momento, del contexto, de cada persona y de que cada situación el que acaben sucediendo una u otra de estas variables. Ni que decir tiene que el final es impensable, porque hay finales que nunca se pueden escribir por adelantado.

Y es ahí, cuando necesitaremos irnos al rincón de pensar. Sí, a pensar, solitos y sin influencias. Es ahí cuándo valoraremos dónde estamos, qué estamos haciendo, qué queremos, y si lo que estamos haciendo nos lleva a lo qué queremos ser.



Correcto, momentos después, pensamos: "la he cagado". Pero sí, acaba por ser tarde, porque no debemos arrepentirnos de aquello que hicimos ya que cuando lo llevamos a cabo era porque realmente era lo que queríamos. Y aquí entran en escena los reproches de nuestros amigos, los que nos quieren, los que tiran de nuestro brazo hasta rompernos una camisa cuando ven que vamos a liarla del todo. Pero ya no hay marcha atrás, nosotros estamos decididos a hacer lo que nos apetece, sin pensar, porque seamos sinceros: ¡no pensamos!. Y pasadas las semanas, alguien nos dice: "haz lo que quieras, pero mañana lloras". Y sí, acaba acertando, como siempre. Ese pepito grillo que todos tenemos cerca, que en vuestro caso podrá llamarse Marta, Cristina, Isabel, Rocío, Lucía... o como sea, y que en el mío se llama Ana.



Y cuando aparece la primera excusa, y después la segunda, y después la tercera... Es cuando acabamos por estar hasta las narices, y decimos: hasta aquí. Porque hay que excusas que sólo se dicen una vez. La canción dice que sólo se vive una vez, y eso acabamos por entender. Que las excusas tienen fecha de caducidad, y que el tiempo también lo tiene aunque no lo ponga en ninguna parte. En ese momento, comprendemos que desintoxicarse es aprender a tomar distancia. Desintoxicarse es vivir. Es aprender a ver las cosas con perspectiva y en perspectiva.  Y para eso, necesitamos una sola cosa: tomar mucho aire y sonreír.



Porque vivir es avanzar, tropezarse es aprender, y sólo avanzamos notablemente cuándo entendemos que el fracaso es aprendizaje, y que todos los caminos que llevan al éxito pasan por la tierra del fracaso, porque el fracaso, es simplemente un precio que debemos pagar para llegar al éxito. 

lunes, 22 de febrero de 2016

Hombre cobarde no conquista mujer bonita.

No existen los príncipes, ni azules, ni desteñidos.
Lo siento. Lo siento si acabas de enterarte de que llevan toda la vida engañándote, haciéndote creer que la vida es fácil, que las pelis se hacen realidad y que las historias que ves en el cine son las de la vida real. Siento desmontarte el cuento, y siento hacerlo en febrero, cuando el frío todavía apremia y algunos creéis que es mejor la compañía.



Pero, ¿de qué vais cuando al llegar la primavera decidís dejar a vuestras parejas para vivir el verano? ¿Acaso sabéis lo jodidamente difícil que es conocer a alguien con quien encajes de una santa vez? Alguien que te comprenda con tan sólo mirarte, alguien con quien no hagan falta las palabras porque las miradas hablan. Alguien  que asienta, que calla, que sueña, que vive, que piensa en nosotros. ¿De verdad os habéis parado a pensar que hay miles de personas ahí fuera que estarían deseando si quiera un atisbo de felicidad como la que vosotros aparentáis tener?

Muchos preferís subir a las redes sociales una foto de un beso, un abrazo, un te quiero con corazones. Lo hacéis para pasar el rato. En realidad, a esa conclusión llego después, cuando de la noche a la mañana dejáis de tener novios o novias y os dedicáis a "vivir la vida". No lo juzgo, pero, ¿acaso no vivíais la vida felizmente enamorados? ¿no érais libres? ¿no teníais lo que queríais?
Es que igual, la respuesta es no. Igual, la respuesta es NO porque no teníais lo que queríais ni estábais con alguien a quien queríais. Pero entonces, ¿qué se supone que habéis estado haciendo todo este tiempo, pasar el rato? ¿hacer perder el tiempo a los demás y perderlo vosotros mismos?

¿De verdad habéis hipotecado vuestra felicidad por la simple apariencia y por lo que otros esperasen? Estáis locos. Locos, pero sobre todo, ahora os sentís perdidos. Y os sentís perdidos, porque de golpe estáis desmontados. Ha sido un jaque mate. Jaque mate porque tenéis que pensar, primero en lo que sois, segundo en lo que queréis de verdad, y tercero en cómo vais a actuar por conseguirlo.
Ahora ya no valen las medias tintas, se supone que ahora toca ser valientes porque ahí fuera no vais a encontrar a ni una persona que crea que estar con un cobarde es poder alcanzar un mínimo vital de felicidad.

Llamadme rara. Debo ser yo la que pide y exige mucho, la que espera mucho, o quizás, la que directamente ya no espera nada. La vida es esto, romper esquemas, rehacerlos, construir algo arriesgando, apostando, conquistando... ¿Sabéis lo que es conquistar?

Sí, conquistar es eso. Conquistar es querer y dejarse querer, sin medias tintas, sin historias abiertas, sin historias a medias, sin puertas ni ventanas entre abiertas. O sí, o no, o todo o nada. No vale un sí un a medias, no vale un no pero sí, sí pero no... ¿de qué carajos sirve tal indecisión ante algo que es tan básico?



-¿Me quieres?
-Sí
-Perfecto.

-¿Me quieres tú a mí?
-No lo sé.
-Hasta siempre.

Fácil. Sí, lo sé, fácil desde la barrera. Pero es como lo veo, y no puedo andar con medias tintas. Lo veo fácil porque yo lo haría fácil. Matizo, lo haría fácil si quisiera a alguien, de no ser así, ni fácil ni complicado, directamente no lo haría. Eso también es saber ser valientes. Saber decir que no, que basta, que hasta luego, que no toca, que no tienes ganas... Saber decir la verdad a fin de cuentas.
Porque siendo así ahorraríamos tanto a tanta gente... tanto... que el karma jamás tendría que putearnos porque directamente no habríamos tenido que aprender esa lección.



Lo dicho... Hombre cobarde no conquista mujer bonita.

lunes, 15 de febrero de 2016

Si no tardas mucho, te espero toda la vida.

Cuando estar con alguien se convierte en monotonía, en llenar vacíos inexistentes, en colmar ilusiones de otros sin saber cómo satisfacer las nuestras. O realmente sí sabemos cómo pero no queremos asumir el qué... La zona de confort acaba por extinguirse cuando uno de los dos decide ser lo que otros esperan de él olvidando qué es lo que él quiere para sí mismo; o bien decide dejar de fingir para ser lo que quiere y arriesgar por estar con quien le gustaría. 




Hay personas que creen que cumplen con tan sólo decir 'buenos días' o 'buenas noches. Las hay además que conciben esa idea como algo conciliador que conquista, que engalana. Olvidan que un deseo no es más que una sensación no materializada. Un deseo puede dejar de ser un deseo cuando se convierte en hecho, y para eso, se necesitan ambas partes. 



Pero en la construcción de los hechos mediante los deseos juega un papel imprescindible la capacidad de ser valientes. Esa capacidad innata que hace que alguien apueste por ti, que te diga que eres tú la única, que no hay segundos ni terceros pases vip. Conocer a valientes ayuda a saber que cuando sales con uno de ellos, no podrás replantearte volver con un cobarde. 



Querer es un deseo, aprender a hacerlo, una realidad. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Un zombie a la intemperie.

En ocasiones somos incapaces de mirar en perspectiva, bien por un bloqueo puntual o por no ser capaces de cambiar de nosotros una actitud que llevamos tiempo arrastrando y que en realidad no nos gusta ni nos hace bien. 

Realmente todo está en la mente, o eso dicen. Todo está en el lugar más peligroso y a la vez poderoso con el que contamos, nuestra cabecita. 

Un bloqueo no ayuda a olvidar, ni siquiera a veces ayuda a recordar, ni mucho menos a ver las cosas con total solidez y transparencia. Cuando te bloqueas te acuerdas más de tu ex, de lo mal o regular que llegaste a pasarlo, de los motivos por los que no crees en nadie o en casi nadie, y recuerdas por qué decidiste un día embarcarte en una aventura de la que solamente tú llevases las riendas. 

Angustia, tensión, desconcierto, desacierto, ese es el cúmulo de sentimientos que acaban por concentrarse cuando piensas que nada puede ir peor. Y realmente, cuando algo no puede ir peor, va, porque llega ese terrible momento en que te paras a pensar que realmente sigues queriendo a esa persona en la que sigues sin saber qué ves pero que simplemente la quieres. 

Aunque pase el tiempo, aunque se pare el mundo, le quieres y punto. 

Pero en cierto modo, todo acaba por pasar y por dar vuelta a la hoja. Y cuando llega ese instante, por fin comprendes por qué no, y por qué faltaba esa pizca de todo que hacía incompleto el puzzle. 

lunes, 28 de septiembre de 2015

Quedarán los versos y los porqués.

Aún intento asimilar que aquella noche fue real.
Desde lejos, te escuchamos, vibramos contigo, fuimos felices... Infinidad de recuerdos comenzaban a golpearme, recuerdos nuestros, míos, de todos. La vida es eso, un cúmulo de momentos y de recuerdos encontrados.

Hoy voy a ser breve, poco más puedo añadir a este extraño sentimiento de felicidad amarga que me persigue.




Desde cuándo te estaré esperando, por ti, yo volví por ti, pero no te vi, si no estás sólo soy un zombie a la intemperie looking for paradise. Porque aquello que me diste, me hizo comprender, que la música no se toca. A que no me dejas, qué sabes tú, y qué sé yo...
Son tan fuertes tus miradas...

Y allí, entre la multitud, de nuevo entendí que nada sucede por casualidad, y que entre toda esta vorágine de sentimientos, sólo me queda pensar que pasarás, más tarde o más temprano, pasarás, porque todo pasa y todo queda.

Pasaréis, pasarán los tiempos, se irán los momentos, ya lo veréis... 
Pasarán los imperios, las guerras, los besos y dónde miréis... 
Quedarán los veros y los porqués,  recuérdalo...  esta canción, la música no se toca. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Comprendí.

El material del cual están hechos los sueños no envejece. 

Comprendí que nadie puede obligarnos a querer o dejar de querer a alguien, que ni siquiera nosotros mismos podemos hacerlo. Pero realmente, lo que sí podemos hacer es decidir cuándo queremos empezar a cambiar nuestro rumbo para poder cambiar nuestra mente. 
La mente es compleja, está repleta de entresijos inentendibles, a veces incluso difíciles para nosotros mismos.
La experiencia me dice que solamente cuándo nosotros queramos podremos hacerlo. Con esto quiero decir que hasta que nosotros mismos no digamos basta, pero de verdad, no podremos alcanzar lo que nos proponemos.

En ocasiones pensamos que queremos a alguien por encima de nuestras posibilidades. Consideramos que no hay amor más puro y más sincero que el que sentimos. Vivimos con intensidad cada instante, cada momento, incluso cada recuerdo. Y en esa vorágine de sentimientos no alcanzamos a ver más que la cima de un iceberg que supone un cúmulo de obstáculos para nosotros. 
Decir basta supone romper de raíz con todo, decir basta supone decir adiós o hasta siempre, decir basta supone no soltar ni una sola lágrima más por alguien que no puede sentir lo mismo que nosotros. 
No les culpéis, no culpéis a quien no sienta lo mismo que vosotros porque realmente no han tenido la oportunidad de olvidar algo de su pasado que les presiona, les obstruye y les impide ser como les gustaría.
Tan sólo preocupaos por lo que sois vosotros mismos, por lo que queréis ser y por todo aquello que queréis vivir.

La vida es cuestión de momentos, quizás no era el camino, ni el momento, ni la persona, porque aunque penséis que lo es, pasado el tiempo comprobaréis que probablemente necesitabais conoceros a vosotros mismos para saber todo aquello que podéis llegar a conseguir.

Los sueños se persiguen y las realidades se alcanzan. Somos nosotros quienes decidimos cuándo, dónde, cómo y por qué. Sentirse preparado es sentirse capaz de decir adiós aunque lo que se quiera decir es un 'hasta pronto'. Sentirse preparado es sentirse capaz de decir gracias, de decir hasta siempre. Sentirse preparado es decidir que no quieres sufrir más, y es tan digno, tan valiente y tan entendible como querer seguir intentando algo con alguien que consideras que puede ser el único amor de tu vida. 


María.

lunes, 1 de junio de 2015

Impotencia.

Impotencia. Eso es lo que se siente cuando algo se escapa de tu alcance.
Sentimos impotencia cuándo no depende de nosotros que una situación sea favorable o no. Y la sentimos, ante la extraña necesidad que tenemos los seres humanos de sentir satisfacción plena cuando perseguimos un sueño, sea del tipo que sea. 

Millones de veces habréis escuchado eso de: "Nadie dijo que esto fuera fácil", "Lo imposible sólo tarda un poco más", "Al final ha merecido la pena"... 

Y yo os pregunto, ¿y qué? ¿Y qué más tiene que pasar para que aquello que queremos se convierta en la realidad del día a día? Porque en ocasiones, sé de sobra que, no hay respuestas para todas nuestras preguntas.

Dicen que todo pasa por algo, que cuando algo se acaba es por algo, que cuando algo no sale en un momento determinado también lo es, que cuando tomas una decisión acabas entendiéndola cuando vas uniendo los puntos del pasado... Pero siempre te queda esa duda al pensar ¿y qué habría pasado si...? 

Un buen amigo me dijo hace unas horas que no debemos preocuparnos de aquello que no está a nuestro alcance. Tiene razón, pero realmente cuando algo es importante, acaba por preocuparnos aun cuando nosotros mismos no podemos tomar partido en la decisión final. 


martes, 14 de abril de 2015

Por muy lejos que estés.

Por muy lejos que estés, por muy tarde que llegues, por muy mal que te portes, ahora mismo mi cabeza sigue dando órdenes al corazón para que te olvide. 
Es esa jodida sensación de echarte de menos lo que me angustia, y lo más doloroso, es que me prometí a mí misma que jamás, que nunca más, volvería a fallarme. Y mírame, de nuevo, jodida. 

Hace unos meses me propuse cambiar muchas cosas, pero sobre todo, volver a quererme por encima de todas las cosas. Creía que lo había logrado, de verdad, lo pensaba, pero de repente apareciste tú aquella tarde para romperme los esquemas. 

En un primer momento mi paso no era firme, incluso diría que el tuyo era bastante más firme y convencido que el mío. Aunque, sí, espera, debes estar pensando que fui yo quien dio el primer paso. ¿Sabes por qué? Realmente vi algo en ti que me hizo creer que podías ser distinto, que verdaderamente lo eras. Y es que realmente, lo eras, eras tan diferente a los demás, tan parecido a mí y tan distinto a la vez, que comencé a engancharme casi sin percatarme de nada. 
Ahora cada recuerdo acaba por ser desconsolador. Por momentos me gustaría no tener memoria para no acordarme de todo esto. Para mi no es fácil conocer a alguien con quien congeniar a la perfección casi sin conocerle; no es fácil (aunque no lo creas) ser escasamente reservada y contar mi vida a modo de novela; ni siquiera es fácil borrarte de mi vida sin más. 

Pasan las horas y me cuesta, y realmente me cuesta porque me importas bastante. El hecho de que me importes no te exime de que me merezca alguna explicación si algún día decides volver. Aunque si te soy sincera, ya no te preguntaría por qué has ido, sino porque vuelves, en el hipotético caso de que lo hicieras. 



Hoy, después de semanas me he atrevido a ser sincera conmigo misma. Creo que te quiero, realmente, te quiero, y es por eso por lo que todo esto me duele y llega a decepcionarme. 
Aquella noche, hace unos días, te miré pensando que llevaba semanas sin verte, y que realmente, por alguna razón teníamos que volver a encontrarnos, en ese estado, en aquel lugar y en ese preciso momento.
Tú fuiste sincero, yo nunca he dejado de serlo cuando se trataba de nosotros. 
No es momento de reproducir la conversación tal y como sucedió, pero te aseguro -aunque no sé si me lees-, que no se me ha olvidado ni una sola palabra de todo lo que nos dijimos aquella noche. 

Me hubiera encantado continuar acertando contigo, a tu lado, aunque realmente, si te soy sincera, más me hubiera gustado estar a tu lado para que pudiésemos equivocarnos juntos y que juntos, del mismo modo, pudiéramos seguir aprendiendo a superar cada reto, apostar por cada objetivo y superar cada obstáculo. 

Recuerda, elegir no es más que escoger un camino que nos llevará a caminos infinitos. 
Tú has elegido, y creo, que de manera clara y aunque me cueste, yo también he comenzado a hacerlo.

martes, 7 de abril de 2015

Viajeros al tren, última llamada.


La última llamada del tren le hizo reflexionar. Cogió su maleta y se adentró en aquel vagón del que sabía muy poco. Al cabo de unas horas comenzó a sentirse como en casa.
El traqueteo de las vías hizo que su única preocupación fuese descubrir cuántas gamas de color verde lucían sobre aquellos campos.
Al principio se sentía insegura, algo desanimada quizás. No lograba saber si se estaba equivocando, si remontaría, si aquella aventura podría resultar alentadora. Y es que, de nuevo, su inseguridad palpitaba cuando el túnel comenzaba a acercarse en el camino.

Hay veces en las que el final del túnel queda muy lejano; no alcanzamos a ver la luz verde, ni siquiera la blanca. Y cuando estamos a punto de rendirnos es cuando menos nos queda para alcanzar el éxito. Por las pequeñas cosas acabamos dándonos cuenta de que nada hubiera sido posible sin los baches, sin esas rachas en las que todo parecía imposible pero lográbamos que fuese todo lo contrario.
Quizás sea porque lo imposible sólo tarda un poco más, y quizás por eso mismo el éxito acabe siendo posible.

Cuando nadie cree en nosotros podemos llegar a frustrarnos; o por el contrario, podemos llegar a creer en nosotros mismos con más ganas que nunca. Porque cuando los demás dan por sentado que no alcanzaremos algo es cuando más fuertes vamos a sentirnos, al pensar que únicamente debemos confiar en lo que somos y en aquello en lo que nos podemos convertir.
Por eso dicen que no hay mayor fuerza para alcanzar una meta que la de creer en uno mismo. Y por eso mismo, nunca debes olvidar que si no te tienes a ti mismo jamás podrás tener a nadie.


El viaje en tren continuaba, habían alcanzado a superar laderas y la niebla de las altas montañas. Y aun así, ella no dejó de creer en sí misma ni un sólo instante. Ni siquiera por momentos se planteó aquello de rendirse, porque de haberlo hecho, se estaría traicionando a sí misma.



Y al otro lado, en cualquier tren y dirigiéndose a cualquier camino, se encontraba él. 
Con él lograba ver la luz al final del túnel, esa luz que sin saberlo comenzó siendo tenue y poco a poco fue alcanzando su color. No fue fácil, de hecho, sigue sin ser fácil, pero si de algo está convencida es de saber lo que quiere, y aunque le cueste, seguirá persiguiendo lo que parece imposible para hacerlo posible. 

lunes, 30 de marzo de 2015

¿Sabes echarle de menos?

La realidad es que ella le quería, pero realmente, no quería quererle. Quererle suponía sentir la carga de sus sentimientos sobre sus hombros cada día; quererle suponía abandonar la falsa idea de "vivir el momento", de sentir que cada día era el único. Porque sinceramente, cada día deja de ser único cuando esa persona con la que quieres estar, deja de estar. Y esto sucede, porque en realidad, cuando quieres a alguien, la idea de pensar que el momento no es siempre, te hace abandonar el reto de aprender a quererle sin extrañarle.

Cuando sabes que quieres a alguien pero no lo asumes, acabas por darte cuenta de que no es a los demás a quiénes engañas, sino a ti mismo cada día. Te avergüenzas de sentir celos, de echarle de menos, te inventas una y mil historias para parecer sincera contigo misma, incluso, para parecerlo con los demás. Pero una vez que pones lo pies en la tierra, y asumes ese riesgo, tratas de concebir la realidad: y es que querer no es más que un sentimiento compartido cuando la otra persona también lo siente. 


El miedo se apodera lo que se siente, de lo que se piensa, de lo que sucede y de lo que no sucede. Porque a veces, las personas no sólo no somos capaces de vivir el momento sino que llegamos a impedir que otros puedan comenzar a vivirlo. Y es en el sacrificio de esa renuncia a vivir el momento, donde la suerte te acaba premiando por ello. 

Ser capaz de vivir no es más que ser capaz de ser uno mismo, sin saber qué es lo que otros esperan de ti, simplemente, teniendo la seguridad de que siendo uno mismo podrás no dejar escapar ni una sola oportunidad que merezca la alegría. 

Cansada de escuchar que todo es "cuestión de tiempo", una vez más decidió salir a tomar el sol. Aunque a decir  verdad, no estaba muy convencida de ello, sentía que por momentos le había vuelto a tener cerca, lo suficiente, como para volver a sentir que sabía lo que era echarle de menos. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Quiérete, valórate y déjate querer. En ese orden.

Tendida en la cama observaba cada detalle de su habitación. La cabeza le daba vueltas al recordar una y otra vez aquella conversación que pensaba que había sido la definitiva. 

Aquella mañana había sentido la extraña sensación de tenerle muy cerca pero a la vez lo suficientemente lejos como para no volver a verle. No era él quien decidía en ese momento, sino ella, guiada por cada recuerdo, quien pausada, le explicaba con la voz entrecortada que no podía ser su amiga porque realmente algo le quería.




"No puedo ser tu amiga, le dijo ella." Mientras, él asentía, sin entender muy bien qué había sucedido.
La conversación dio un giro, sin reproches y con calma, ella le aseguraba que no era cuestión de palabras, sino de sensaciones. Y realmente, era esa sensación eterna de esperar algo que no acababa de llegar, lo que la tenía angustiada, nerviosa e inquieta.

Se había acostumbrado a escucharle, a leerle, a sentirle cerca. Incluso, por momentos se había hecho a aquella situación de incertidumbre que le deparaba cada día, sin saber qué sucedería al día siguiente. Los instantes que pasaban juntos se habían convertido en un tiempo infinito, y los que no pasaban juntos, tan sólo en un mal recuerdo del que ella quería deshacerse.

Quizás pueda sonar exagerado el hecho de recordar con tanta intensidad a alguien que conocía desde hacía tan poco tiempo. Pero no fue el tiempo lo que la hizo volver a pensar si había hecho lo correcto, sino esa extraña sensación que nos invade cuando sentimos que perdemos algo que ni siquiera hemos llegado a tener del todo.

La vida, como en los cuentos, siempre acaba por sorprenderlos. Ella miraba el reloj, a la espera de un mensaje, una llamada o un simple hola. Llegó a pensar que no volvería a escucharle, a la vez que se sentía segura de sí misma por haber llegado a comprender que antes de querer a los demás, es imprescindible saber quererse a sí mismos.




domingo, 22 de marzo de 2015

Grita conmigo: Mi apuesta eres tú.

Cansada de esperar ante las agujas de un reloj que parecía haber parado el tiempo, se dispuso a cerrar la maleta.
Ni siquiera el tiempo había conseguido calmar aquella tormenta de sensaciones que la embaucaba. Qué complicadas son las personas, pensaba. Y si se trata de hombres... si se trata de hombres no es posible ni siquiera hablar de complicaciones sino de manual de instrucciones. 



Ella se había comprometido consigo misma a que la "próxima vez" sería capaz de afrontar cada reto, saltar cada barrera y derribar cada muro. Y realmente, se sentía frustrada ante la extraña incapacidad de no poder lograr del todo ninguna de las tres cosas. 
Frustrada quizás por la impotencia de saber que no era por ella por lo que "aquello" no funcionaba, sino por la necesidad de otros de buscar motivos para que nunca acabase la partida de ajedrez, se disponía a abandonar aquella historia que se había convertido en un puzle en el que las piezas no encajaban.
Hasta el momento no se había atrevido a hacerlo, pero ese día, en ese instante, se sentía capaz de poder decidir sobre el futuro incierto que se disponía a tocarle a la puerta.

Harta de las puertas entreabiertas, de las historias abiertas, de la cobardía enmascarada, y de otras tantas millones de excusas, se prometió a sí misma que a partir de ese instante sólo sería apta para valientes.
No volvería a entregarse a una historia en la que el otro protagonista no le dijese claramente: “mi apuesta eres tú”.
Pensó las cientos de veces que por momentos le hubiera gustado ser de otra manera, a la vez que con paso decidido, acababa por entender, que de nuevo, la vida le estaba dando una nueva oportunidad para conocerse a sí misma. Una nueva oportunidad en la que podría aprender otra novedosa lección, que como la de todo cuento, acaba marcando y enseñándonos algo nuevo.

Y entre tanta promesa incumplida, quería prometerse a ella misma algo realmente importante: la necesidad de no volver a fallarse jamás, porque si algo duele aparte de que te fallen los demás, es haberse fallado a una misma en repetidas ocasiones.

Moraleja: No entregues todo a alguien que no te demuestre claramente que su apuesta eres tú.



lunes, 9 de marzo de 2015

Tiempo.

Cansada de escuchar que todo es una cuestión de tiempo, se introdujo en aquel vagón que no sabía muy bien hacia donde la conduciría. La vida siempre es riesgo, y en aquel momento también decidió desafiar al destino mientras tentaba a la suerte. Durante el viaje se vislumbraban campos verdes sobre los que se reflejaba el sol, haciendo más intenso ese color que a veces parece de cuento. Las noches eran más frías, algo solitarias en ocasiones, y más oscuras, sin duda, más oscuras. 

No sabía muy bien qué decir, ni qué hacer, todo estaba algo oscuro, y era en esa oscuridad donde ella se sentía vulnerable ante el fracaso. Temer al fracaso es algo habitual cuando alguien nos transmite inseguridad. El miedo se apodera de nuestra capacidad de control, de los planes, de los días soleados, de la luz que hacía unos días podías ver y que ahora no encuentras... Todo eso es temer al fracaso. 

Dicen que los días oscuros son pocos en comparación a los momentos con luz, pero por momentos, llego a dudarlo. Esta extraña sensación de perder algo se vuelve a apoderar de la mente, llegando a convencernos de que todo está perdido. Este miedo parece de inevitable captura cuándo un día se tuerce, cuándo parece que todo sale mal, cuándo nos repetimos una y otra vez, por qué de nuevo a nosotros... Y nos preguntamos ¿qué estoy haciendo mal? Quizás no sea tu culpa amiga, y quizás no sea tu problema, pero realmente, si estás aprendiendo a querer a alguien, sus miedos acaban por ser también tuyos. 

Quiénes me conocéis sabéis que para mí, hablar de trenes es como hablar de oportunidades. 
Ella ese día se subió a ese tren, algo le decía que tenía que aprovechar ese instante, ese preciso instante, para darse una oportunidad a sí misma. Se la merecía, ¿y por qué no arriesgar? Cuando se arriesga, unas veces se gana y otras no. ¿Habrá ganado? De momento el viaje no ha concluido, aunque el miedo, esa extraña sensación que no se ve, pero que se siente, continua presente.

lunes, 23 de febrero de 2015

La mitad del cuento.

Como un piano en soledad cuando deja de sonar, así se sentía ella. 
La implacable brisa de aquella tarde de invierno sacudía levemente sobre sus mejillas. No era el silencio lo que le asustaba, sino la soledad de las palabras que cobraban vida por la intensidad con la que se pronunciaban. 

Llevaba semanas esperando aquella tenue conversación que no había imaginado tan pronto. Por momentos la inseguridad la rodeaba para advertirla de que debía tener clara una cosa: que ella era la única que decía si quería continuar el camino o no. 

Nada es predecible cuando la vida pone en tu camino a alguien que es de otro planeta. El 2015 se había antojado complicado en sus comienzos, y cuando casi estaba terminando el mes de febrero, parecía algo más negro que cuando daban esas doce campanadas. 

¿Elegiste tú estar allí y en aquél preciso instante? Tampoco ella creía haberlo hecho, pero lo cierto, es que fuiste tú y sólo tú, quien supo darle luz a esos días oscuros del mes de diciembre, a esas noches frías del comienzo de enero... 

Las decisiones colman el tiempo y el camino en la vida de las personas, a veces no hay más decisión posible que la que se toma, y en otras ocasiones, hay tantas, que acabamos por aferrarnos a la menos complicada. 

El camino sigue abierto, multitud de senderos parten de él, pero sólo contemplo uno posible. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Un beso no cambia nada... una decisión lo cambia todo.

Sucede, que a veces, alguien te produce esa chispa que a veces no todos entienden que existe, y al entrar en contacto con el cuerpo humano, comienzan a desencadenarse eso que llamamos sentimientos.  

Sí, es cierto que los sentimientos no siempre son correspondidos. A veces, una persona siente mucho más que la otra, y bajo la atenta mirada de la sinceridad, no es que se desintegren, es que nunca llegaron a existir. Y no llegaron a hacerlo porque el freno de mano lo pusieron ambos. Pero, ¿os habéis parado a pensar qué sucede cuando ninguno de los dos echa el freno de meno y la historia se alarga como si de una novela se tratase? 

Realmente, eso también sucede. Y sucede porque la cobardía en ocasiones se apodera de las personas. Se apodera de ellas llevándoles al terreno del egoísmo personal, de la inestabilidad insensible, del desequilibrio emocional... Y todos estos factores, unidos, desencadenan un trágico final de desamor en el que uno siempre acaba sufriendo más que el otro. 



A decir verdad, todos en alguna ocasión habremos estado en ambos lados, pero también es cierto, que cuando somos nosotros los que más sufrimos, nos paramos a pensar en el daño que en otras ocasiones, hemos podido llegar a producir sobre otros. Nadie elige conocer a esa persona que acaba llevándose una parte de nosotros, pero sí elegimos seguir conociéndoles o no. 

A título personal, podría deciros que si sentís que en un momento determinado ese alguien es tóxico para vosotros, lo ideal sería zanjar cualquier tipo de relación que pudiese ataros a ese alguien. Porque cuando de verdad se quiere, es cierto que cuesta decir "basta", pero una vez que se genera ese primer "basta", el tiempo pone de su parte para llevar al olvido a alguien que sin saberlo nos ha enseñado a querernos a nosotros mismos por encima de cualquier cosa.