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lunes, 15 de febrero de 2016

Si no tardas mucho, te espero toda la vida.

Cuando estar con alguien se convierte en monotonía, en llenar vacíos inexistentes, en colmar ilusiones de otros sin saber cómo satisfacer las nuestras. O realmente sí sabemos cómo pero no queremos asumir el qué... La zona de confort acaba por extinguirse cuando uno de los dos decide ser lo que otros esperan de él olvidando qué es lo que él quiere para sí mismo; o bien decide dejar de fingir para ser lo que quiere y arriesgar por estar con quien le gustaría. 




Hay personas que creen que cumplen con tan sólo decir 'buenos días' o 'buenas noches. Las hay además que conciben esa idea como algo conciliador que conquista, que engalana. Olvidan que un deseo no es más que una sensación no materializada. Un deseo puede dejar de ser un deseo cuando se convierte en hecho, y para eso, se necesitan ambas partes. 



Pero en la construcción de los hechos mediante los deseos juega un papel imprescindible la capacidad de ser valientes. Esa capacidad innata que hace que alguien apueste por ti, que te diga que eres tú la única, que no hay segundos ni terceros pases vip. Conocer a valientes ayuda a saber que cuando sales con uno de ellos, no podrás replantearte volver con un cobarde. 



Querer es un deseo, aprender a hacerlo, una realidad. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

El cielo tenía dos colores.

Hoy el cielo tenía dos colores. Un extraño color rojo agua conspiraba contra el azul fugaz que acompañaba a las nubes. Quizás el cielo haya sido parte del entramado de este día con sonrisas fugaces. Las sonrisas fugaces, al igual que las estrellas, vienen y van, pero no avisan. La diferencia entre ellas es que por las sonrisas nadie pide deseos, mientras que por las estrellas sí. Al igual que cuando vemos un avión en el cielo pensamos "alguien estará pensando en mí", podemos a llegar a pensar esa frase cientos de veces mientras conducimos solos al volante.

La carretera parecía infinita, pero la realidad es que como ocurre en la vida misma, todo tiene un principio y un fin. Y a veces el principio llega sin que nos demos cuenta o sin esperarlo, y la mayoría de las veces, el fin llega antes de lo que nos gustaría, cuando por fin estamos asentando los pies sobre la tierra. El sol sale y con la misma se va, pero estamos en primavera, y pronto llegará el verano, y será cuestión de tiempo volver a recuperar aquello que nos hace ser seres un poquito más alegres. 

Nada es para siempre, dicen por ahí. Aunque para siempre es aquello que transformamos cada día pero siempre para mejor, y para "no siempre" es aquello que sabiendo que hacemos mal nos negamos a cambiar. El otro día un profesor nos hablaba de la necesidad de hacer el día a día más simple en las empresas de la mano del liderazgo. Y es que, el camino de la vida es como una carretera, nunca sabes qué vas a encontrarte, ni cómo estará el cielo, o cómo será el tránsito, si habrá obstáculos o no los habrá... El corto plazo es cada kilómetro, cada día, y nuestro largo plazo es el destino, y por tanto, cada sueño. Trabajar de manera simple y constante en el corto plazo nos lleva a alcanzar los objetivos del largo plazo con más facilidad. Golpe a golpe... y paso a paso. Que nada es para siempre, ¿y qué? Si alguien se va es porque realmente no tenía que estar. 

Construir nuestro camino nos hace libres, hagámoslo.

María.

sábado, 5 de abril de 2014

Noches de vino y rosas.


Como aquella llamada que esperabas pero nunca llegó,
como aquel beso que sentiste por primera vez y quisiste volver a sentir, pro nunca llegó...
como las nubes cuando pasan, pero nunca vuelven a ser las mismas,
como los sueños, que parecen reales, pero acaban por desvanecerse,
como las hojas que caen dejando atrás el verano y dando paso al otoño...
como las oportunidades que van y vienen, pero nunca vuelven a ser las mismas,
como los trenes, los aviones y los barcos,
como las olas del mar,
como nosotros, como tú, como yo...
como aquel recuerdo que no quiere decirte adiós,
como el último beso, el último abrazo, la última mirada,
como aquella tarde, aquella mañana y aquella noche...
como la vida misma, que única y pasa sin más...


Aquél día prometí seguir mi camino sin mirar atrás. No siempre he podido cumplir esa promesa, hay veces que mirar atrás me ha permitido recordar por qué llegué hasta aquí.

Estas infinitas noches de vino y rosas son algo más que eso. La reflexión embauca las mentes, y tan sólo basta  con hacer un simple "clic" para que todo vuelva al punto de partida. Un punto de partida difuso, un camino con niebla, y una meta que parece no llegar.



Como si de una carrera en el desierto se tratase, así es la vida, algo difuminada en ocasiones, como una foto con filtro de instagram, o como el mensajes que esperabas pero nunca llegó, o la llamada que ansiabas pero nunca llegó... o el beso con soñabas, pero nunca llegó. Es tal vez esa persona con la que sueñas, de la cual conoces su nombre, su cara, su vida al completo, su esencia... es esa persona la que decide entregarte muchas de estas cosas que "nunca llegan". Y cuando lleguen, quizás sea porque esa misma persona que bloqueaba nuestra mente, ha decidido seguir su carrera en el desierto sin esperar por nosotros; y será tal vez en ese momento, cuando el punto de partida deje de ser difuso, el camino deje de tener niebla y cuando por fin acabe por llegar la meta.