viernes, 25 de marzo de 2011
La importancia de una palabra: Sucesión.
En los últimos meses se viene hablando de una posible sucesión del Presidente del Gobierno. Los medios de comunicación, una vez más, con ese don divino del que les ha dotado Dios, alardean de que el 2 de abril de 2011 será el día en que José Luis Rodríguez Zapatero afirme públicamente que no será candidato en las elecciones generales de 2012. Mientras tanto, el Presidente ha afirmado que el día 2 de abril será un día como otro cualquiera y que no habrá ningún anuncio relevante al respecto. Ya conocen ustedes la insistencia de los medios de comunicación, quienes llevan hasta el infinito ese dicho de "cuando el río suena, agua lleva". Se acercan a las inmediaciones del Congreso a preguntar el parecer de los diferentes diputados, sin duda, el más señalado para la supuesta sucesión de Zapatero es Alfredo Pérez Rubalcaba, a día de hoy Ministro del Interior, Vicepresidente Primero del Gobierno y Portavoz del Gobierno en el Congreso. Ahora que nos encontramos en una situación complicada con más alicientes quizás que hace un año, en plena precampaña electoral para las elecciones municipales y autónomicas, otros insisten en hacer ver que Zapatero ha sido el presidente de la crisis, el presidente del paro y el de los recortes en este último tiempo. No interesa decir que Zapatero fue quien retiró las tropas de una Guerra ilegal en la que nos había inmiscuido Aznar, ni tampoco interesa hablar de Zapatero como el presidente que más ha invertido en derechos sociales, en becas y ayudas para estudiantes, en Nuevas Tecnologías, en becas para el extranjero, y sin duda, el que más se ha involucrado por principios morales y personales, en hacer iguales a quienes habían sido considerados diferentes: los homosexuales. La ley de dependencia y la de interrupción voluntaria del embarazo también han sido puntos clave. Además, su afán porque existiera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres le llevó a ser un presidente modelo. No puedo olvidarme de la Ley de Memoria Histórica, la cual supuso un punto de inflexión en el gobierno socialista y que por fin hizo "justicia" (o trata de hacerla) allá donde la dejan. (Si la fe mueve montañas, lo cierto es que Garzón movilizó miles de personas.) A día de hoy, pocas son las cosas buenas que tratan de recordar algunos de este Zapatero que ganó un Congreso Federal allá por el año 2000, y dónde se postuló como candidato a la presidencia del Gobierno Español. Mi madre, socialista de toda la vida, amante de la crítica constructiva y el respeto de los principios, me dijo que la primera vez que lo oyó nombrar supo que sería alguien importante para este país. La frase que pronunció fue "Zapatero a tus zapatos", lo recuerda con cariño cuando ninguno podríamos imaginar que José Luis llegaría a ser el presidente de España durante dos legislaturas. Aunque a muchos no les guste, Zapatero está haciendo historia, y la está haciendo de manera positiva. Se han producido cambios en nuestra sociedad, en nuestro país, en las bases de los principios asentados en él. A día de hoy es normal que una pareja homosexual pueda adoptar a niños, es normal que puedan casarse, que puedan salir a las calles a reivindicar sus derechos y manifestarse. Quien nos iba a decir, hace poco más de 30 años que esto sería posible. Yo soy de las que piensa que los valores priman ante la economía. Es cierto que las cosas podrían ir mejor y que no podemos consolarnos mirando hacia países en los que van peor, pero señores, se nos olvida que la dignidad humana está por encima de todo, y que el hecho de que aquí podamos ser iguales y nos traten como tal es algo innegable. Si Zapatero decidiese no presentarse, yo también tengo claro quien sería mi candidato. Como dice Fernández Vara, no puede ser otro que Alfredo Pérez Rubalcaba. Alguien que demuestra valentía, perseverancia y tesón frente a los insultos y las mofas de la derecha, alguien que planta cara al "enemigo", incluso, haciendo uso de las canciones de Amaral... Rubalcaba encarna todo lo que un político que se precie debe tener, por eso con él, no me caben dudas. Sería un gran presidente. Y terminaré diciendo "Sin ti no soy nada" Buenas noches y buena suerte. María.
viernes, 18 de marzo de 2011
Razón vs. Corazón.
Me invaden la ilusión, la emoción, las ganas de vivir hasta que llega un momento en el que me doy cuenta de que quizás estaba equivocada. Voy a ser honesta, y por tanto, voy a quitar ese "quizás" que la mayoría de las veces forma parte de mi vocabulario.
En esta ocasión no cabe un quizás en ninguna de mis frases, no cabe un "igual", no cabe ningún vocablo que tenga que ver con la posibilidad, porque sé que sí ha sido mi culpa.
Es de sabios reconocer los errores que uno comete, y no tengo por qué hacer a otros lo que me hayan hecho a mi. Aun así, tan sólo he cumplido una de esas dos variables. Reconozco mi error, pero sí he hecho a una persona lo que muchas me han hecho a mi. No hubo intención en el hecho, por lo que cabría la posibilidad de eliminar el dolo ya que no fue intencionado, pero si hubo imprudencia, y en ocasiones, eso también tiene sus consecuencias.
Las consecuencias las estoy pagando hoy, las pagué ayer y muy probablemente las pague en los próximos días.
Sí, te dejé hablar, te dejé decir lo que pensabas, pude responderte... Sin embargo hoy, he sentido que eso me faltaba a mi. Pude hablar, pero no obtuve respuesta. Hay momentos en los que por mucho que se diga poco se puede solucionar. Daños que no pueden ser evitables y cosas que no se perdonan. Sé que esto fue evitable, y quiero pensar que también se perdona.
En ocasiones nos dejamos llevar por cualquier cosa menos por el corazón, y es ahí cuando perdemos. No siempre la razón debe imponerse a los sentimientos, y hay momentos en los que estos son desconocidos hasta que ocurre algo que verdaderamente nos hace ver que existían.
Me dejé llevar por el miedo, la desconfianza y la falta de ganas de introducir cambios en mi vida. Me dejé llevar por la cobardía, por la insensatez y por la razón. Pero no por ello he mentido, ni he sido hipócrita, ni mucho menos falsa. Aunque si he de reconocer, que no he sido yo.
Quiénes me conocen saben a lo que me refiero, y lo último que haría, sería hacerle daño a alguien que sé puedo importarle, que no me ve con los mismos ojos que el resto, que puede llegar a sentir que soy especial y que en un momento dado, podría haber sido alguien importante en su vida.
Desde este espacio sólo me queda pedirte perdón... pues lo he intentado todo, aunque sin éxito.
El éxito se cosecha, y es cierto que yo contigo no lo he hecho. Si en algún momento cambias de opinión y decides darme la oportunidad que yo nunca supe darte, sabes dónde encontrarme.
En esta ocasión no cabe un quizás en ninguna de mis frases, no cabe un "igual", no cabe ningún vocablo que tenga que ver con la posibilidad, porque sé que sí ha sido mi culpa.
Es de sabios reconocer los errores que uno comete, y no tengo por qué hacer a otros lo que me hayan hecho a mi. Aun así, tan sólo he cumplido una de esas dos variables. Reconozco mi error, pero sí he hecho a una persona lo que muchas me han hecho a mi. No hubo intención en el hecho, por lo que cabría la posibilidad de eliminar el dolo ya que no fue intencionado, pero si hubo imprudencia, y en ocasiones, eso también tiene sus consecuencias.
Las consecuencias las estoy pagando hoy, las pagué ayer y muy probablemente las pague en los próximos días.
Sí, te dejé hablar, te dejé decir lo que pensabas, pude responderte... Sin embargo hoy, he sentido que eso me faltaba a mi. Pude hablar, pero no obtuve respuesta. Hay momentos en los que por mucho que se diga poco se puede solucionar. Daños que no pueden ser evitables y cosas que no se perdonan. Sé que esto fue evitable, y quiero pensar que también se perdona.
En ocasiones nos dejamos llevar por cualquier cosa menos por el corazón, y es ahí cuando perdemos. No siempre la razón debe imponerse a los sentimientos, y hay momentos en los que estos son desconocidos hasta que ocurre algo que verdaderamente nos hace ver que existían.
Me dejé llevar por el miedo, la desconfianza y la falta de ganas de introducir cambios en mi vida. Me dejé llevar por la cobardía, por la insensatez y por la razón. Pero no por ello he mentido, ni he sido hipócrita, ni mucho menos falsa. Aunque si he de reconocer, que no he sido yo.
Quiénes me conocen saben a lo que me refiero, y lo último que haría, sería hacerle daño a alguien que sé puedo importarle, que no me ve con los mismos ojos que el resto, que puede llegar a sentir que soy especial y que en un momento dado, podría haber sido alguien importante en su vida.
Desde este espacio sólo me queda pedirte perdón... pues lo he intentado todo, aunque sin éxito.
El éxito se cosecha, y es cierto que yo contigo no lo he hecho. Si en algún momento cambias de opinión y decides darme la oportunidad que yo nunca supe darte, sabes dónde encontrarme.
miércoles, 23 de febrero de 2011
La libertad, algo valioso.
Uno de los principios en los que se basa nuestra Constitución es el de la libertad. La libertad es ese valor tan preciado que a día de hoy pensamos que tenemos pero que en ocasiones se desvanece como por arte de magia.
El ser humano comete errores, y muchas veces, el pensar que podemos llegar a ser perfectos sin reconocer nuestros propios errores puede ocasionar en otro un daño -a veces- irreversible.
Somos libres porque tenemos derecho a serlos, y nadie debe privarnos de la libertad que nos pertenece. Esta libertad, que como tal, acabará dónde empiece la de otra persona. Esto es algo bastante ambiguo pues puede que no sepamos dónde está el límite.
Libertad y libertinaje son términos muy diferentes y que nunca podrán llegar a ser iguales. El concepto de libertad va unido al de respeto, a la tolerancia y en parte a la igualdad. El hecho de poder considerarnos iguales y tener igualdad de oportunidades es lo que nos hace ser verdaderamente libres.
Pues bien, todo esto viene a decir algo, y es que, nadie tiene derecho a juzgar al resto si antes no se ha puesto a valorar si su actuación es verdaderamente lícita o correcta.
En ocasiones nos preocupamos más de lo que otros hacen sin antes pararnos a pensar si lo que nosotros hacemos está bien o no, juzgamos a otros sin antes recapacitar en si podemos estar ocasionando algún daño o no. Y lo que es peor, no toleramos escuchar aquéllo con lo que no estamos de acuerdo, no aceptamos que otros tengan prioridades distintas a las nuestras o que puedan emplear su tiempo en acciones diferentes a las nuestras.
Esta continua obsesión por mirar lo que hacen otros y criticarlos sin observar lo que nosotros mismos hacemos, lleva a una pérdida de la libertad individual.
Personalmente, no me gusta tener que dar explicaciones de aquéllo que hago. Siempre he sido una persona muy independiente en ese sentido y lo seguiré siendo por mucho que mis actos (los cuáles no perjudican a nadie) puedan molestar a otros por tener diferentes visiones de la vida o prioridades distintas.
Un "amigo" no es más amigo por tratar de controlar a la otra persona con el fin de que se haga y diga lo que mejor conviene, un amigo es aquél que te da margen para que actúes libremente en concordancia a aquéllo que verdaderamente deseas.
No tiene razón quien más grita ni quien más habla, sino quien actúa en consecuencia de sus actos sin impedir que otros puedan hacer gala de su derecho a la libertad de expresión y de opción.
Me he quedado muy agusto, sí.
El ser humano comete errores, y muchas veces, el pensar que podemos llegar a ser perfectos sin reconocer nuestros propios errores puede ocasionar en otro un daño -a veces- irreversible.
Somos libres porque tenemos derecho a serlos, y nadie debe privarnos de la libertad que nos pertenece. Esta libertad, que como tal, acabará dónde empiece la de otra persona. Esto es algo bastante ambiguo pues puede que no sepamos dónde está el límite.
Libertad y libertinaje son términos muy diferentes y que nunca podrán llegar a ser iguales. El concepto de libertad va unido al de respeto, a la tolerancia y en parte a la igualdad. El hecho de poder considerarnos iguales y tener igualdad de oportunidades es lo que nos hace ser verdaderamente libres.
Pues bien, todo esto viene a decir algo, y es que, nadie tiene derecho a juzgar al resto si antes no se ha puesto a valorar si su actuación es verdaderamente lícita o correcta.
En ocasiones nos preocupamos más de lo que otros hacen sin antes pararnos a pensar si lo que nosotros hacemos está bien o no, juzgamos a otros sin antes recapacitar en si podemos estar ocasionando algún daño o no. Y lo que es peor, no toleramos escuchar aquéllo con lo que no estamos de acuerdo, no aceptamos que otros tengan prioridades distintas a las nuestras o que puedan emplear su tiempo en acciones diferentes a las nuestras.
Esta continua obsesión por mirar lo que hacen otros y criticarlos sin observar lo que nosotros mismos hacemos, lleva a una pérdida de la libertad individual.
Personalmente, no me gusta tener que dar explicaciones de aquéllo que hago. Siempre he sido una persona muy independiente en ese sentido y lo seguiré siendo por mucho que mis actos (los cuáles no perjudican a nadie) puedan molestar a otros por tener diferentes visiones de la vida o prioridades distintas.
Un "amigo" no es más amigo por tratar de controlar a la otra persona con el fin de que se haga y diga lo que mejor conviene, un amigo es aquél que te da margen para que actúes libremente en concordancia a aquéllo que verdaderamente deseas.
No tiene razón quien más grita ni quien más habla, sino quien actúa en consecuencia de sus actos sin impedir que otros puedan hacer gala de su derecho a la libertad de expresión y de opción.
Me he quedado muy agusto, sí.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Sensaciones, de vivir.
Un día, nos despertamos y lo primero que hacemos es mirarnos a un espejo. La luz del sol entra por las rendijas de una persiana que lleva toda una noche sonando. El susurro del viento, los rayos tenues que traspasan el cristal y la sensación de haber vuelto a un lugar del que pareciese que nunca nos habíamos marchado.
Mañana volveré a un lugar que me recuerda a ti. Volveré a sentir que te tengo cerca, que te tengo a mi lado, volveré a sentir que estás conmigo.
Cada momento difícil se hace aun más complicado cuando trato de asimilar que ya no estás. Cada momento, puede suponer una nueva excusa para que esos nervios intensos y dichosos se apoderen de nuevo de mí. Cada momento parece eterno si realizo un leve pero intenso recorrido por el pasado. Un pasado lleno inevitablemente de recuerdos, un pasado que hace que piense en ti, en tu olor, en cada palabra que salía por tu boca o cada gesto que te hacía ser una persona única y diferente del resto.
Tu humildad, sencillez, honradez y ganas de trabajar sin por ello recibir nada a cambio, son algunas de las cualidades por las que tanto te admiro. Creo que es la admiración que todo nieto podría tener por su abuelo, sumado a una serie de factores que hacen que te considere uno de mis grandes referentes.
Mi padre y mi abuelo Antonio siempre me están diciendo que tenga cuidado, que esto de la política es algo complicado, que aquí hay muchos chupatintas y que ni la mitad va con las intenciones con las que puedo ir yo. No se hacen las cosas con desinterés sino todo lo contrario, muchos las hacen por y para algo, como un medio para llegar a algo y no como el fin último de las cosas.
Mi madre siempre ha sabido entender mi interés por la política y mis ganas de estar continuamente reivindicando lo que considero que es justo. Aun así, es cierto que a medida que pasan los días –y como mi padre siempre me ha advertido- disminuye en parte mi ilusión aunque no mi dedicación.
Podría tratarse de una racha diferente, pero cada día estoy más segura de que no se trata de una racha. Creo, que esto no está hecho para mí. De ser así, habría estado equivocada mucho tiempo, aunque sinceramente no me arrepiento. He aprendido, y lo sigo haciendo. Y creo que el motivo de mi “cambio” se debe en parte a la carrera que estudio.
Continuamente hay ideología en mis clases, profesores inclinados hacia un lado u otro, pero siempre, una manera distinta de ver la vida. Ellos tratan de trasladarnos su visión, y nosotros, la acogemos sin darnos cuenta de que podría estar cambiando la nuestra.
Cuando me dijeron que podrían cambiar muchas cosas no pensé que tantas como las que están cambiando. La universidad te cambia la vida, cambia tus hábitos y costumbres, te hace ser más independiente, tienes más capacidad de elección… pero además, influye hasta en tus “planes de futuro”.
Mañana volveré a un lugar que me recuerda a ti. Volveré a sentir que te tengo cerca, que te tengo a mi lado, volveré a sentir que estás conmigo.
Cada momento difícil se hace aun más complicado cuando trato de asimilar que ya no estás. Cada momento, puede suponer una nueva excusa para que esos nervios intensos y dichosos se apoderen de nuevo de mí. Cada momento parece eterno si realizo un leve pero intenso recorrido por el pasado. Un pasado lleno inevitablemente de recuerdos, un pasado que hace que piense en ti, en tu olor, en cada palabra que salía por tu boca o cada gesto que te hacía ser una persona única y diferente del resto.
Tu humildad, sencillez, honradez y ganas de trabajar sin por ello recibir nada a cambio, son algunas de las cualidades por las que tanto te admiro. Creo que es la admiración que todo nieto podría tener por su abuelo, sumado a una serie de factores que hacen que te considere uno de mis grandes referentes.
Mi padre y mi abuelo Antonio siempre me están diciendo que tenga cuidado, que esto de la política es algo complicado, que aquí hay muchos chupatintas y que ni la mitad va con las intenciones con las que puedo ir yo. No se hacen las cosas con desinterés sino todo lo contrario, muchos las hacen por y para algo, como un medio para llegar a algo y no como el fin último de las cosas.
Mi madre siempre ha sabido entender mi interés por la política y mis ganas de estar continuamente reivindicando lo que considero que es justo. Aun así, es cierto que a medida que pasan los días –y como mi padre siempre me ha advertido- disminuye en parte mi ilusión aunque no mi dedicación.
Podría tratarse de una racha diferente, pero cada día estoy más segura de que no se trata de una racha. Creo, que esto no está hecho para mí. De ser así, habría estado equivocada mucho tiempo, aunque sinceramente no me arrepiento. He aprendido, y lo sigo haciendo. Y creo que el motivo de mi “cambio” se debe en parte a la carrera que estudio.
Continuamente hay ideología en mis clases, profesores inclinados hacia un lado u otro, pero siempre, una manera distinta de ver la vida. Ellos tratan de trasladarnos su visión, y nosotros, la acogemos sin darnos cuenta de que podría estar cambiando la nuestra.
Cuando me dijeron que podrían cambiar muchas cosas no pensé que tantas como las que están cambiando. La universidad te cambia la vida, cambia tus hábitos y costumbres, te hace ser más independiente, tienes más capacidad de elección… pero además, influye hasta en tus “planes de futuro”.
lunes, 31 de enero de 2011
El cuarto poder.
La verdad es que tenía pensado escribir sobre algo muy diferente a lo que voy a hacerlo. Pero desde la derecha tienen esa cualidad: la de tocar las narices y envenenar a la gente.
Estaba twitteando y he visto lo que el señor Rajoy se ha atrevido a decir. Está desvelando parte de su programa, y lo está haciendo ante los ojos del mundo, o en este caso, de los españoles ya que se siente seguro de su triunfo.
Es un triunfo alimentado por las encuestas de los periódicos de este país, por los medios televisivos y los medios de comunicación en general.
Quién sea algo inteligente, habrá podido observar que todo medio de comunicación que se precie tiene alguien a quien servir. Los hay más neutrales y menos, pero lo que si está claro, es que la mayoría de los medios de este país sirven a parte de la derecha, o a la derecha al completo.
La capacidad de persuasión, de llegar a la gente, o incluso de credibilidad que tiene un medio de comunicación (el que sea) es superior a la capacidad de convicción o credibilidad que puede tener un político hoy en día.
Os preguntaréis por qué, los medios de comunicación de masas hicieron que en el periodo de entreguerras se fuera produciendo el cambio y la diferencia entre el poder legislativo y el poder ejecutivo. De este modo, en el ejecutivo comenzó a recaer lo que a día de hoy es el gobierno, con la figura preeminente del Presidente del Gobierno. Mientras que el Parlamento, se fue convirtiendo en el lugar de debate político y mediatizado. Las trifulcas entre partidos políticos en el Parlamento es lo que comunmente ve la gente en la televisión, relegando en los medios, al gobierno a una segunda plana.
He tratado de explicar esto, para que se vea el gran poder que los medios de comunicación pueden llegar a tener, convirtiéndose en lo que a día de hoy, podría denominarse el cuarto poder.
En estos medios, a los que todos tenemos acceso, el señor Rajoy ha hecho declaraciones consistentes, y como decía, ha desvelado parte de su programa de (des) gobierno.
Legitimidad y legalidad coinciden cuando las leyes de un país se adecuan a los valores en los que se inspira esa sociedad. En este caso, igualdad, libertad y justicia, sumando los principios de solidaridad y pluralismo político. Pues bien, la ley de Memoria Histórica, la reforma sobre el aborto o la ley que ha hecho posible la unión entre personas del mismo sexo, serán el blanco de este que dicen que lidera el partido de la oposición.
Lo que en 7 años se ha conseguido, las grandes conquistas del siglo XXI en materia de derechos en lo que a los españoles se refiere, pasarán a la historia si este señor consigue recabar los apoyos necesarios para alzarse con el poder en 2012 y llegar al lugar que tanto ansia desde hace años, La Moncloa.
Repito tal y como he dicho en otras ocasiones, las cosas no están bien, pero pueden ir peor si seguimos pensando que los culpables de esto son quienes han tratado de solucionarlo por encima de todas las cosas, incluso con el riesgo de que su imagen quede en mal estado debido a la toma de decisiones impopulares, pero necesarias.
Durante estos 7 años de gobierno, se han conseguido cosas históricas. El hecho que todos tengamos los mismos derechos a la hora de decidir con quien vamos a compartir nuestra vida, el hecho de poder acceder a una ley de dependencia que nos ayude a seguir adelante con la familia y de manera digna, el hecho de poder decidir sobre el futuro de nuestra propia vida a través de la reforma del aborto, y el hecho, de poder hacer homenaje a la historia, así como justicia ya que otros nunca pensaron en hacerla.
¿Merece la pena dejar que un partido de derechas desgobierne este país y nos lleve a la cola en materia de derechos? ¿Merece la pena volver a sentirnos diferentes siendo iguales porque otros crean que por el hecho de tener una condición sexual diferente no merecemos lo mismo que un matrimonio entre hombre y mujer? ¿Merece la pena que ellos lleguen al gobierno a cambio de no poder decidir sobre nuestro futuro?
Creo que no hay derecho a que se cambien las leyes sin antes consultarlo con la ciudadanía, sin antes pedir opinión a quienes nos afecta, sin antes preguntar si todo esto merece la pena.
María.
Estaba twitteando y he visto lo que el señor Rajoy se ha atrevido a decir. Está desvelando parte de su programa, y lo está haciendo ante los ojos del mundo, o en este caso, de los españoles ya que se siente seguro de su triunfo.
Es un triunfo alimentado por las encuestas de los periódicos de este país, por los medios televisivos y los medios de comunicación en general.
Quién sea algo inteligente, habrá podido observar que todo medio de comunicación que se precie tiene alguien a quien servir. Los hay más neutrales y menos, pero lo que si está claro, es que la mayoría de los medios de este país sirven a parte de la derecha, o a la derecha al completo.
La capacidad de persuasión, de llegar a la gente, o incluso de credibilidad que tiene un medio de comunicación (el que sea) es superior a la capacidad de convicción o credibilidad que puede tener un político hoy en día.
Os preguntaréis por qué, los medios de comunicación de masas hicieron que en el periodo de entreguerras se fuera produciendo el cambio y la diferencia entre el poder legislativo y el poder ejecutivo. De este modo, en el ejecutivo comenzó a recaer lo que a día de hoy es el gobierno, con la figura preeminente del Presidente del Gobierno. Mientras que el Parlamento, se fue convirtiendo en el lugar de debate político y mediatizado. Las trifulcas entre partidos políticos en el Parlamento es lo que comunmente ve la gente en la televisión, relegando en los medios, al gobierno a una segunda plana.
He tratado de explicar esto, para que se vea el gran poder que los medios de comunicación pueden llegar a tener, convirtiéndose en lo que a día de hoy, podría denominarse el cuarto poder.
En estos medios, a los que todos tenemos acceso, el señor Rajoy ha hecho declaraciones consistentes, y como decía, ha desvelado parte de su programa de (des) gobierno.
Legitimidad y legalidad coinciden cuando las leyes de un país se adecuan a los valores en los que se inspira esa sociedad. En este caso, igualdad, libertad y justicia, sumando los principios de solidaridad y pluralismo político. Pues bien, la ley de Memoria Histórica, la reforma sobre el aborto o la ley que ha hecho posible la unión entre personas del mismo sexo, serán el blanco de este que dicen que lidera el partido de la oposición.
Lo que en 7 años se ha conseguido, las grandes conquistas del siglo XXI en materia de derechos en lo que a los españoles se refiere, pasarán a la historia si este señor consigue recabar los apoyos necesarios para alzarse con el poder en 2012 y llegar al lugar que tanto ansia desde hace años, La Moncloa.
Repito tal y como he dicho en otras ocasiones, las cosas no están bien, pero pueden ir peor si seguimos pensando que los culpables de esto son quienes han tratado de solucionarlo por encima de todas las cosas, incluso con el riesgo de que su imagen quede en mal estado debido a la toma de decisiones impopulares, pero necesarias.
Durante estos 7 años de gobierno, se han conseguido cosas históricas. El hecho que todos tengamos los mismos derechos a la hora de decidir con quien vamos a compartir nuestra vida, el hecho de poder acceder a una ley de dependencia que nos ayude a seguir adelante con la familia y de manera digna, el hecho de poder decidir sobre el futuro de nuestra propia vida a través de la reforma del aborto, y el hecho, de poder hacer homenaje a la historia, así como justicia ya que otros nunca pensaron en hacerla.
¿Merece la pena dejar que un partido de derechas desgobierne este país y nos lleve a la cola en materia de derechos? ¿Merece la pena volver a sentirnos diferentes siendo iguales porque otros crean que por el hecho de tener una condición sexual diferente no merecemos lo mismo que un matrimonio entre hombre y mujer? ¿Merece la pena que ellos lleguen al gobierno a cambio de no poder decidir sobre nuestro futuro?
Creo que no hay derecho a que se cambien las leyes sin antes consultarlo con la ciudadanía, sin antes pedir opinión a quienes nos afecta, sin antes preguntar si todo esto merece la pena.
María.
miércoles, 26 de enero de 2011
Falta de valentía.
Detesto hacer sufrir a la gente, y por tanto, no me gusta que nadie trate de despertar en mí ese sentimiento.
Trato de plasmar lo que siento aquí, porque doy por hecho que es mi casa, y también la de todo aquél que hable con respeto hacia mi y todo aquéllo que escribo.
Nunca me ha gustado descalificar para tener que rebatir un argumento, aunque he de reconocer que no me gusta que me lleven la contraria. Aun así, me considero una persona con la que se puede tener una conversación siempre y cuando no se pierda el respeto. En el momento en que eso ocurre, doy por finalizada la conversación. También la doy por finalizada cuando la otra persona va con intenciones de hacerme daño.
Dicen que no hace daño quien quiere sino quién puede, pero inevitablemente siempre hay momentos en los que estamos con las defensas bajas y que todo nos afecta un poco más.
Hace unos meses me ocurrió algo que no había contado a nadie, excepto a mi madre y dos de mis amigos, pero creo que llega el momento de hacerlo. Y creo que hoy es el día porque me ha vuelto a ocurrir algo parecido.
No obstante, ya adelanto que esa persona para mí, no merece ni siquiera ser mencionada. Cuando alguien trata de INSULTAR (sin conseguirlo) a otra persona desde un anónimo muestra muy poca valentía por su parte.
Cuando he abierto el blog esta tarde me he encontrado con un mensaje con el que se pretendía hacerme sentir mal, lo siento, no lo has conseguido.
Hacía referencia a mi abuelo (deberías lavarte la boca con lejía para hablar de el, que no te queda la menor duda) y decía algo así como "déjalo donde está, que está mejor, dudo que se sintiese orgulloso de ti". Seas quien seas, tan sólo quiero decirte algo, el tiempo, pone a cada uno en su lugar, y te llegará tu momento porque a todo cerdo le llega su san martín, y sí, te estoy llamando cerdo, porque me parece de persona mezquina hablar de esa manera de una persona que desgraciadamente no se puede defender.
Probablemente, lo que te pese sea que tu familia se sienta poco orgullosa de tí, no obstante, te voy a informar de algo, la mía, en ningún momento se ha sentido decepcionada con respecto a mi.
Hace unos meses, como decía, en un mensaje del mismo estilo y que por supuesto no vio la luz, alguien se dedicaba a insultarme, haciendo referencia también a que pretendía "defender pleitos perdidos sin entender de la misma la media" (haciendo una clara alusión al Franquismo). Me llamaban mentirosa y cosas mucho más graves que no voy a reproducir.
Me limité a trasladárselo a mi madre y a dos de mis mejores amigos, pero la cosa quedó ahí. Está claro, que lo que no voy a consentir es que ni tú ni nadie hable de una de las personas a las que más quiero en este mundo, en este caso, mi abuelo.
Vergüenza me daría hacer lo mismo contigo. No sé quien eres, ni tengo interés alguno en saberlo, dado si que lo supiera, lo último que haría sería callarme ante tí.
Estamos en pre-campaña electoral, y no sé que interés pueden llegar a tener algunos en hacer cosas de este tipo. Sé que es alguien de Olivenza, y no es sólo la intuición, sino en parte hechos que podrían demostrarlo, pero si me lees, lo único que voy a avisarte, es que te estés quieto.
Podría ponerme a hacer divagaciones y acusaciones directas, pero no actuaré del mismo modo en que lo ha hecho el Partido Popular con la agresión del Consejero de Cultura de Murcia. No es mi estilo.
Dado que este es mi blog, y por tanto mi casa, seguiré hablando de lo que crea conveniente, sin que nadie me corte las alas ni trate de hacerlo. La libertad es un derecho reconocido en la Constitución del que yo hago uso y honor SIEMPRE. Hablo de mi abuelo porque le siento más cerca cada vez que lo hago, y quien no tenga interés en lo que escribo, simplemente, tiene que limitarse a no entrar a leer.
Serán bienvenidos todos aquellos comentarios que no sean ofensivos ni atenten contra la dignidad de las personas. No acepto insultos, ni tampoco, anónimos. Estoy harta.
Trato de plasmar lo que siento aquí, porque doy por hecho que es mi casa, y también la de todo aquél que hable con respeto hacia mi y todo aquéllo que escribo.
Nunca me ha gustado descalificar para tener que rebatir un argumento, aunque he de reconocer que no me gusta que me lleven la contraria. Aun así, me considero una persona con la que se puede tener una conversación siempre y cuando no se pierda el respeto. En el momento en que eso ocurre, doy por finalizada la conversación. También la doy por finalizada cuando la otra persona va con intenciones de hacerme daño.
Dicen que no hace daño quien quiere sino quién puede, pero inevitablemente siempre hay momentos en los que estamos con las defensas bajas y que todo nos afecta un poco más.
Hace unos meses me ocurrió algo que no había contado a nadie, excepto a mi madre y dos de mis amigos, pero creo que llega el momento de hacerlo. Y creo que hoy es el día porque me ha vuelto a ocurrir algo parecido.
No obstante, ya adelanto que esa persona para mí, no merece ni siquiera ser mencionada. Cuando alguien trata de INSULTAR (sin conseguirlo) a otra persona desde un anónimo muestra muy poca valentía por su parte.
Cuando he abierto el blog esta tarde me he encontrado con un mensaje con el que se pretendía hacerme sentir mal, lo siento, no lo has conseguido.
Hacía referencia a mi abuelo (deberías lavarte la boca con lejía para hablar de el, que no te queda la menor duda) y decía algo así como "déjalo donde está, que está mejor, dudo que se sintiese orgulloso de ti". Seas quien seas, tan sólo quiero decirte algo, el tiempo, pone a cada uno en su lugar, y te llegará tu momento porque a todo cerdo le llega su san martín, y sí, te estoy llamando cerdo, porque me parece de persona mezquina hablar de esa manera de una persona que desgraciadamente no se puede defender.
Probablemente, lo que te pese sea que tu familia se sienta poco orgullosa de tí, no obstante, te voy a informar de algo, la mía, en ningún momento se ha sentido decepcionada con respecto a mi.
Hace unos meses, como decía, en un mensaje del mismo estilo y que por supuesto no vio la luz, alguien se dedicaba a insultarme, haciendo referencia también a que pretendía "defender pleitos perdidos sin entender de la misma la media" (haciendo una clara alusión al Franquismo). Me llamaban mentirosa y cosas mucho más graves que no voy a reproducir.
Me limité a trasladárselo a mi madre y a dos de mis mejores amigos, pero la cosa quedó ahí. Está claro, que lo que no voy a consentir es que ni tú ni nadie hable de una de las personas a las que más quiero en este mundo, en este caso, mi abuelo.
Vergüenza me daría hacer lo mismo contigo. No sé quien eres, ni tengo interés alguno en saberlo, dado si que lo supiera, lo último que haría sería callarme ante tí.
Estamos en pre-campaña electoral, y no sé que interés pueden llegar a tener algunos en hacer cosas de este tipo. Sé que es alguien de Olivenza, y no es sólo la intuición, sino en parte hechos que podrían demostrarlo, pero si me lees, lo único que voy a avisarte, es que te estés quieto.
Podría ponerme a hacer divagaciones y acusaciones directas, pero no actuaré del mismo modo en que lo ha hecho el Partido Popular con la agresión del Consejero de Cultura de Murcia. No es mi estilo.
Dado que este es mi blog, y por tanto mi casa, seguiré hablando de lo que crea conveniente, sin que nadie me corte las alas ni trate de hacerlo. La libertad es un derecho reconocido en la Constitución del que yo hago uso y honor SIEMPRE. Hablo de mi abuelo porque le siento más cerca cada vez que lo hago, y quien no tenga interés en lo que escribo, simplemente, tiene que limitarse a no entrar a leer.
Serán bienvenidos todos aquellos comentarios que no sean ofensivos ni atenten contra la dignidad de las personas. No acepto insultos, ni tampoco, anónimos. Estoy harta.
sábado, 22 de enero de 2011
Sobre la libertad: John Stuart Mill
«A fin de ilustrar más completamente el error de negarse a oír a determinadas opiniones porque nosotros, en nuestro propio juicio, las hayamos condenado, será conveniente que fijemos la discusión en un caso concreto; y elijo, preferentemente, aquellos casos que son menos favorables para mí, en los cuales el argumento contra la libertad de opinión, tanto respecto a la verdad como a la utilidad, está considerado como el más fuerte. Supongamos que las opiniones impugnadas son la creencia en Dios y en la vida futura, o algunas de las doctrinas corrientes de la moralidad. [...] Pero debe permitírseme observar que no es el sentirse seguro de una doctrina (sea ella cual sea) lo que yo llamo una presunción de infalibilidad. Ésta consiste en tratar de decidir la cuestión para los demás, sin permitirles oír lo que pueda alegarse por la parte contraria. Y yo denuncio y repruebo esta pretensión igualmente cuando se refiere a mis más solemnes convicciones. Por positiva que pueda ser la persuasión de una persona no sólo de la falsedad, sino de las consecuencias perniciosas de una opinión —y no sólo de estas consecuencias perniciosas, sino para adoptar expresiones que terminantemente condeno de su inmoralidad e impiedad—, si a consecuencia de este juicio privado, aunque esté apoyado por el juicio público de su país o de sus contemporáneos, prohíbe que esa opinión sea oída en su defensa, afirma quien tal haga, su propia infalibilidad. Y esta presunción, lejos de ser menos reprensible o peligrosa, por tratarse de una opinión que se llama inmoral e impía, es más fatal en este caso que en cualquier otro.»
La verdad es que he estudiado poco de este filósofo, político y economista inglés del siglo XIX, pero un muy buen amigo me habló hace algunos años sobre él con gran entusiasmo.
Su defensa a ultranza de la libertad de expresión en contra de la censura es algo que me conmueve. Una vez, cuando era niña sentí que había dejado de ser libre... Tan sólo tenía 13 años, y por el hecho de decir lo que pensaba fui represaliada.
Nunca entenderé en que se convierte la clase humana tras muchos muchos muchos años de Gobierno. No todos dejan de ser persona, pero algunos, aparentan serlo muy bien.
Hoy tocaba hablar de libertad, estaba estudiando los orígenes de los Movimientos Sociales y no he podido resistirme a decir lo que pensaba.
Buenas noches, y buena suerte.
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